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lunes, 9 de noviembre de 2015

Cinco años

Hacer de la locura camino

jueves, 5 de noviembre de 2015

Come off me. Recién salido del horno

Todo es más de lo mismo. Las caras de la gente son idénticas unas con otras. La identidad no es más que una pretensión. Mirate al espejo. ¿Te creés diferente? Mamarracho; disfrazado por la calle, como los demás; obligando a la ropa, al peinado, a los movimientos, a las formas, a decir lo que ninguno de nosotros se atreve. Estamos obligados a hacer lo que debemos hacer, y si no, somos severamente castigados. Siempre. De las maneras más básicas o más originales. Señalados, condenados, mortificados, sancionados, torturados, ajusticiados por los demás. Perdonar, absolver, indultar, incluso premiar son formas de castigo. “If you do not do what you are told to do when you are told to do it, you will be punish, do you understand? (…) Your ass belongs to me now” . Vos no sos diferente; ¡yo no lo soy! La existencia es una maldita milicia, somos todos soldados marchando hacia la muerte, alzando la bandera de habernos sacrificado para sobrevivir. ¿Dignidad? Digno hubiera sido mirar a la vida a los ojos y escupirle en la cara: “no te creo” ¿Pero quién te creés que sos? ¿Quién soy yo para decir esto? No tenemos opción, no hay otro camino más que este que ya está lleno de huellas. ¿No ves? Por donde sea que andes ya hubo un par de pies. Dejá de soñar, no será sano, al final del camino, haberte mentido tanto. Quizás debiéramos empezar por asumirnos, por dejar de pretendernos. Mirar para abajo y tener el coraje de admitir que ese suelo firme sobre el que estamos parados armando laberintos de libertad, es un invento, y que estamos constantemente haciendo equilibrio para no caer más allá. Tal vez haya llegado el momento de coger todo el coraje que nos quepa en los pulmones y saltar. Saltar, simplemente saltar. Atrevernos, hundirnos. Sumergirnos más allá del límite que le quisimos poner al espacio del movimiento. Y caer. Caer mientras todo es bombardeado por la valentía del arrojo y cae con nosotros. Bajar, hasta más allá del fondo de las cosas que no tienen fondo. Que se abra en gajos el mundo y se desarme sobre sí. Darlo vuelta todo, reordenarlo y volver a desarmarlo. Y subir, mientras todo emerge con nosotros, hasta rozarle las mejillas al cielo y su absurdo infinito; tentarlo a que nos de una mano, amenazar con aferrarnos y dejarnos parir por la caída otra vez, ésta, con más violencia, hasta dejarle un agujero a la superficie de la tierra por donde se le escape el mundo, dejar que ese vacío nos trague, llegarle hasta el estómago y tragarlo a él. Permitirle a ese bocado indigestarnos y regurgitar el caos. Vomitarlo hasta quedar livianos y flotar, una vez más hasta lo que sea que exista o no exista después del universo, y desplomarnos con la furia suficiente para estallarnos la cabeza contra el piso y hacerlo evaporarse. Rompernos en mil pedazos, hacernos polvo y mezclarnos, hasta que el viento y el frío nos funda en cosa nueva. Y desaparecer. O permanecer. Seguir perteneciéndonos. Sobreviviéndonos. Creyéndonos dueños de algo que se supone que somos. Ser. Llenarnos de sentidos. Mirame. ¿Me ves? Acá estoy. Yo te veo. Tocame. ¿Me sentís? Yo te siento. Escuchame. ¿Me oís? Tengo tu música repitiéndose y colmando mis oídos. Hablame. ¿Me mentís? Yo siempre nos miento.

Fragmento de "Come off me"

Quizás realmente haya llegado la hora de estallar, de mostrarle mis garras al mundo, de clavar las tuyas en este puto rumbo que no deja de guiarme hacia tus pies. La rendición, siempre, esta asquerosa devoción que te alza los pasos más allá de mi cabeza y que se erige y se endereza a medida que va haciéndose más pequeña mi ilusión de sobrevivir. Si todos somos la misma mierda, el mismo envase, la misma construcción, pedante reflejo de los lugares más banales y más esquivos de la realidad. Sacate la cara, sacátela, no me sirve mirarte si es detrás de esa putrefacta máscara que te cuida de mi, de vos, de todos, de nadie más. Qué sabés de protegerte si te la pasás rodeando mi espalda con tu abrazo, disimuladamente. Y raspa, sabés, raspa, porque pone el cuero en carne viva, la desaparece entre las vomitivas promesas de tu ternura, y los pelos de tus brazos, de los que me termino aferrando para no caer cuando descubro que si caes vos, te sigo. Y las horas pasan y la inyección de realidad nunca es suficiente, no importa lo que piense la gente ni el tiempo, ni dios. Sos obra del diablo, sos mi sacrificio, el lugar donde me ha encontrado la muerte, de la manera más traicionera posible, sin armas, sin fuerzas, sin ganas de nada más que de anclar mis huesos a tu voz.

Números

En 1780 días:
Lola: 1673
Estúpido Señor Cats: 1435
Fines y principio: 1312
Oda de resurrección: 1186
Todas las veces que me salvé: 894
Martes penitentes: 789
Epifanía: 543
Textos Atrapados: 533
El talle de mi tumba: 529
La causa: 344
De cómo errar en todo: 281
Pepsi, Rawson y el coronel: 264
Lo demás es cosa de valientes: 252
Aporía: 134
Total: 10169
¡Gracias!