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viernes, 17 de julio de 2015

"Todas las veces que me salvé" - Preliminares




Soy mujer. Tengo treinta y cuatro años. Tengo una hija  mujer. Tengo muchísimas amigas mujeres, una pequeña hermanita, una mamá. Y tengo esta costumbre, o quizás esta  herramienta de escribir. Vivo en este país, hoy, ahora, donde cada treinta horas matan a una mujer. También tengo un hijo varón, pareja y varias ex parejas. Salgo todos los días a la calle, trabajo en la calle. Desayuno cada mañana leyendo los diarios. Miro, aunque casi siempre de reojo, la televisión. Me compro ropa y alguna vez he seguido alguna dieta. Llevo adelante una casa, a tropezones, con sus rutinas diarias. Todavía estudio. Paseo, aunque con menos frecuencia de lo que me gustaría, pero paseo al fin. Vivo; aún vivo, y las noticias me dicen que eso es simplemente una cuestión de suerte.
En nuestro país las estadísticas desnudan una tristísima realidad: cada treinta horas muere una mujer víctima de la violencia de género. Un femicidio cada treinta horas. Atroz. Y quizás sean más, puesto que no hay un registro oficial de esos asesinatos. Los medios relevan algunos casos, pero no la mayoría. Muchas mujeres son asesinadas en el anonimato.
            El propósito de este libro es amplio. Es una novela, porque no soy periodista, ni psicóloga, ni abogada, ni erudita en ninguna rama parecida. Soy simplemente una escritora de ficción. Pero esta ficción es cruelmente real. Cada caso que nombro lamentablemente sucedió.
                Sentarme a escribirlo no ha sido fácil. Ante todo porque leer los destinos que les ha costado la vida a ellas fue mucho más que triste; luego porque encontrar la información ha sido toda una odisea.  Y es por esto último que pido perdón a la memoria de todas las mujeres que no pronuncié, esas que a los ojos de la prensa, al menos al sector de la prensa que yo alcancé, siguen siendo invisibles.
            Me senté frente al papel con la necesidad, la urgencia de decir algo, y llena de preguntas. Quise poner sus nombres porque, aunque entiendo la importancia y la utilidad que tienen los números al momento de visibilizar realidades y generar las políticas necesarias para modificar situaciones,  siempre tuve un problema personal con ellos, me parecen fríos, vacíos.  Leí (leí mucho, no sólo los artículos sobre esas muertes, sino una variada literatura relativa al tema), lloré, maldije, putié. Y al final de todo me quedó grabada una idea: un femicidio es el asesinato de una mujer por el solo hecho de serlo, como una forma extrema de la violencia machista. Cada una de ellas podría haber sido cualquiera.
Este libro no pretende ser una recopilación con visión jurídica de casos, aunque he contado en él detalles de algunos, he nombrado condenas e impunidad; porque si bien la incorporación de la figura del femicidio como tipo penal ha sido un gran avance en pos de la visibilización y de la  justicia, cuando llegan la sentencias ellas ya no están. Claramente no me es indiferente que los femicidas estén cumpliendo una condena o anden sueltos por las calles, pero el grito  de estas hojas es que nos dejen de matar.

Este libro es una denuncia (y una autodenuncia), un grito, una voz; que va cargado de ganas de contagio; pero, por sobre todas las cosas, es una esperanza de reacción, porque esta historia podría tener un final muy triste, el peor de todos: que no tenga final. 

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