Translate

sábado, 29 de noviembre de 2014

Algo de Cats

La hubiera perdonado. Salí del locutorio y caminé hasta la plaza que primero me encontró. Cada cinco o seis o diez cuadras suele haber una plaza; a veces pienso que están puestas allí como consejo, a sabiendas de que cada tantos pasos uno tiene el deber o la necesidad o la urgencia de sentarse a pensar y planear qué hará con los harapos en que te ha convertido la vida tras la última decepción. La hubiera perdonado. El hombre que pasea ese perro nada sabe de todo cuanto me ha sucedido, y distraído me sonríe de costado y hasta se atreve a decir que es un buen día. Buen día para usted, que seguramente aún no ha perdido los cerrojos en los ojos y que vuelve a su casa cada día más ciego que el anterior, más cómplice de esta pavada que llaman amor, y acaricia la espalda de su esposa en el mismísimo lugar donde otra persona ha posado sus garras sin que usted lo sepa. Buen día para usted, que encuentra satisfacción en tener otro ser asido de la correa, como si eso le reivindicara la idea de que puede ejercer control sobre algún ser. Y ese pobre cuadrúpedo estúpido que menea la cola y babea y que agachará la cabeza por un mimo aún después de los golpes. Para ustedes buen día, que se creen realistas y le viven plantado aristas ficticios a las cosas hasta confundirlo todo con la más cobarde ficción. Pobres. Pobres los que aún se conforman con las migajas de las horas y lo que les escupe el vómito de la resignación. Pobres, los que aún encuentran razones para la sonrisa, y la declaran frente de batalla a pesar de saberla mentira. Buen día contesta mi inercia y me enojo más aún conmigo.