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jueves, 25 de septiembre de 2014

Entrevista en La Mañana de Neuquén

13-07-201401:30| Neuquén |CIUDAD   
Una escritora recorre los bares en busca de nuevos lectores 
Alejandra Reyna decidió no dejar su trabajo en las librerías. "Dejé de lado losprejuicios de cómo alguien sale a vender lo que escribe", contó.


NEUQUÉN
No es la primera vez que el cronista se cruza en alguno de los bares de esta ciudad con una joven escritora que, con una sonrisa y buena actitud, recorre las mesas ofreciendo sus libros a quienes disfrutan del café matinal. Hace más de cuatro años que Alejandra Reyna -que con 8 años llegó a Neuquén proveniente de Buenos Aires- decidió no dejar sus libros en librerías para venderlos en la calle. “Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón”, propuso alguna vez el poeta argentino Oliverio Girondo.
Los comienzos de Reyna en la venta ambulante surgieron de una necesidad económica. Luego de darle vueltas a la idea, un día puso un par de ejemplares de su libro Fines y principio en su morral y salió a la calle. “Entré a un negocio de venta de ropa en la esquina de Santa Fe y Ministro González, y la mujer que atendía me compró un ejemplar. Supongo que lo hizo para ayudarme, conmovida con la situación de alguien que escribe y sale a vender sus libros”, explicó. De esa obra que publicó en 2010 y de la cual hizo una tirada de 100 ejemplares, en enero del año siguiente los había vendido todos.
Esa primera venta la impulsó a continuar. Agarró un mapa de la ciudad y trazó algunos circuitos para recorrer comercios, bares y oficinas. “Dejé de lado los prejuicios de cómo alguien sale a vender lo que escribe. En todo caso, me enfrenté a las críticas o a que te ignoren. Y también me encontré con personas que me dijeron: ‘A este negocio han entrado a vender medias, bombachas o lo que sea, pero nunca un libro’”, comentó entre risas. A la hora de las preferencias, elige los bares, “por el recambio de gente que hay”.
No solo recorre las calles de esta ciudad, sino también otras ciudades del país. “Escribo, corrijo, imprimo y salgo a vender mis libros. Los imprimo a medida que se venden. Vivo de lo que vendo”, confesó.
Algunos clientes dejan de leer el diario o mirar sus celulares y les echan un vistazo a los libros que ella les deja sobre la mesa. “Creo que la gente compra una causa. En realidad, me han comprado mucho más de lo que me han leído”,