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sábado, 16 de marzo de 2013

Brindo


No odies, mantén limpio tu corazón de malos sentimientos, de malas sensaciones. Si odiás serás igual que aquellos que lastiman. La vida siempre se las cobra. Confiá en la justicia natural. Todo vuelve. Todo pasa. Y los señores en sus togas que encima dudan al momento de sentenciar. Los dolores como sombras resistiendo, aguantando, juntando pruebas, teniendo que dar argumentos para la condena. Qué ridícula que es la justicia a veces, y qué soberbia. ¿Cuánto vale una vida? ¿Cuánto cuesta tu dolor? Y el tiempo no para, y están los que te empujan a encarar los días con una sonrisa, como si aún hubiera algún motivo para ello. Todo es una cuestión de actitud; puta sentencia. ¿Actitud? Y todavía exigen que uno crea. Creer en qué, cuando todo lo que tenías ya no está, cuando te han robado lo más preciado, la razón de tu propia vida. ¡Fuerza! ¿Fuerza? ¿Fuerza para qué? Para que no vuelva a suceder, y uno se siente tan egoísta porque poco puede importarte qué destino le depare al mundo si la puñalada caló tan hondo que vas desangrando en cuenta regresiva.
Brindo, y no sólo brindo, sino que hago de mi brindis bandera; bandera que llevará consigo lo que pueda, lo que le quepa de todo este dolor; bandera que se desgarrará en grito, en alarido, hasta quedar completamente afónica, rogando que con la voz se vaya también esta maldita memoria que me pedís que no tenga.
Mientras vos caminás con la bendita fortuna de vivirlo desde afuera yo sigo acá, con mi copa en la mano deseando que haya algo, algo de todo lo que pueda hacerse, que sane, que repare,  que me lo devuelva. Y si no, que llegue el día en que por fin me contagie de vos y quede ciega. 

1 comentario:

DiscursoBravo dijo...

Abrazo grande, para vos y para quienes queden dentro del sayo de tu relato.