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viernes, 8 de febrero de 2013

Un cupido distinto


Con lo tiempos que corren, la globalización,  con tanto sorete sin diluir que anda dando vueltas por el mundo, estos HDP que no cesan en su afán por cagarnos la vida, hemos diseñado un nuevo plan para combatirlos. Es ni más ni menos que un “Cupido para Hijos de Puta”. ¿Cómo es eso? Sencillo. Viste que la Iglesia te dice (en palabras mucho más rebuscadas y con millones de argumentos) que Dios ayuda a los que son buenos. Si sos malo, si te  la mandaste, primero te tenés que arrepentir. Cupido, que es un angelito,  podemos afirmar que depende de Dios, aunque no sepamos bien de cuál de todas sus jurisdicciones. Entonces a Dios no le podemos pedir que se haga cargo de estos forros porque ni modo. Y creemos que la solución sería algo similar a aquella vieja frase de las abuelas "las nenas con las nenas, los nenes con los nenes"; o sea los hijos de puta con los hijos de puta y he ahí la solución. Porque imaginate: buena gente con buena gente ni un problema, a relajarse y gozar; el tema se presenta cuando una buena persona se cruza en el camino con un HDP, porque claro, el bueno le cree y el sorete se aprovecha. Ahora, si juntáramos dos HDP, se sacarían los ojos por ver quién es peor de los dos, y de esa manera podríamos hasta asegurar que, sin darse cuenta, establecerían una suerte de autoregulación; que se maten entre ellos (hablando en criollo).
De todo ese análisis hemos podido, como bonus track, caer en la conclusión de que el comunismo no puede aplicarse a sociedades pobladas de hijos de puta. ¿Por qué? Miralo así: en una sociedad donde hay un justo reparto de las cosas, tendríamos la misma cantidad de víctimas para cada victimario. Entonces, antes de la revolución, sería prudente aquel tratamiento del que estábamos hablando. Lo mejor para acabar con estos malos bichos, que pareciera que sólo viven para cagarnos la vida, es mantener este sistema algunos años más. ¿Por qué? Porque, contagiados de la avaricia típica, de esto de capitalizar, acumular riquezas, tendríamos HDP de la high society, donde cada HDP tendría más de una víctima, entonces podría dedicarle menos tiempo a martirizar a cada una (con suerte podríamos planificar algún plan de fuga, de rescate, y más de una salvaríamos); y estarían los HDP pobres, los que no tendrían más opción que  compartir una víctima entre toda una familia de hijos de puta, y de esa manera lograríamos idéntica autorregulación, pues nuevamente los tendríamos sacándose los ojos en esa estúpida lucha por ser el peor, por no tener competencia. Como muchas veces, el germen del fracaso de esta cura está en la clase media medio idiota (como dice un gran cantautor de la cordillera) que anda casi siempre confundida; un día tiene más de una víctima, un día no tiene ninguna y tiene que andar pidiendo prestado, embargando hasta el apellido por ello; sobre todo cuando se ve inmersa en esos jodidos tiempos de inflación a los que en este país estamos tan acostumbrados; andarían diciendo por ahí “antes por dos pesos tenía tres víctimas, ahora una sola me sale un ojo de la cara”. Y aquí es donde le terminamos de encontrar la vuelta y aplicamos aquel principio filosóficos de ver la oportunidad en medio de la crisis, puesto que sería fácil a estos pequeños burgueses de la maldad reconocerlos, andarían por la calle con un ojo menos, y serían perfectamente identificables hasta para el más distraído,  confiado y “boludo”. 

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