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viernes, 23 de agosto de 2013

Estúpido Señor Cats

Las cosas se desordenan, y estoy seguro de que lo hacen solas. Un buen día amanecen distintas, bajan de la cama con el otro pie, se miran al espejo y se encuentran una mueca desconocida, nueva, recién estrenada. Se desordenan solas, lo juro. Por más empeño que yo ponga en mantener cada cosa en su lugar, un buen día desafían mi cordura y se aparecen por los sitios más insólitos. Los primeros ratos me hago el distraído, miro para cualquier lugar,  contengo la respiración. Pero las cosas se desordenan solas. Son esas veces en que las certezas se aferran a un signo de pregunta y accionan, presionan, no callan, no paran. Pregunta, pregunta; todo lo que me mira me pregunta. Y esta puta ansiedad que no me deja pedir una tregua y que se apresura en contestar. Y contesta, murmura, pronuncia, grita de otra manera. ¿Quién escucha? ¿Quién olvida todo lo que he dicho antes? ¿Por qué el mundo ha decidido plantar un punto de comienzo justo hoy? Debo haber estado sordo, ciego, ido. No debería perdonárseme tremenda distracción. Todo esto que está sucediendo tiene que haber empezado antes. Y como si alguien hubiese puesto pausa algún tiempo atrás y la película estuviera apresurada por terminar con la ilusión de llegar a tiempo a pesar de haber estado demorada, todo comienza a correr a mi alrededor, y los instantes duran menos de lo que acostumbraban, o lo mismo, pero en el suspiro les caben mucho más cosas. La desesperación, que se aferra del traje, que esconde sus manos y sus testigos en los bolsillos del disfraz del personaje; el personaje que tiembla por si lo declaran culpable y escribe una carta de despedida, pensando en que será mejor volarse la cabeza, y explica que hasta el preciso momento en que cogió esa pluma creyó que era persona, vivió como si lo hubiese sido, y desnudo se declara vencido y aprieta el gatillo. Y el disparo lo desparrama todo con mucho más violencia y velocidad. No puedo creer lo que estoy viendo, no puedo creerlo. El frío se asemeja tanto a la muerte que por si acaso el corazón manda más oxígeno a la periferia, y los sesos se revientan contra la primera pared que encuentran. Sangre. Miedo. Sed. Hambre. Las cosas ya están completamente desordenadas. Caos todo a mi alrededor. 

lunes, 12 de agosto de 2013

Sueño Cumplido

"Sé que esto es casi un tiro al aire, sin blanco, prácticamente sin posibilidades de atino. Pero llega un momento en que una no sabe qué más hacer y entonces sólo queda confiar en el azar. 
Dicen que si uno desea mucho algo, si lo pide desde las entrañas, se cumple. Esperemos que sea cierto."
Y lo fue.

martes, 2 de julio de 2013

Aquí el voto genera menos dilema

Entran, me buscan, soy la número 58, me descargan, me votan y me hacen feliz. No hace falta registrarse, y de paso, allí está "Epifanía" para leer 
Concurso Novela 2013 

sábado, 15 de junio de 2013

Oda de Resurrección - Fragmento

Colonizados; estamos casi irremediablemente colonizados. ¿Dónde está el primer recuerdo; dónde empieza? Uno intenta rebobinar, mirar hacia atrás para reconstruirlo, y no alcanza. Una voz; si uno escucha atentamente descubrirá una voz, que narra, que cuenta, que nos arma el retazo de camino que nuestro ahora no nos deja ver. Y esa voz ni siquiera suena. Está, se oye, habla, pero no emite sonido. Nos guía, nos devuelve una imagen que alguien ha querido que este pobre tenga de sí. Y es tan cercana, tan interna, que uno a veces la cree propia. Y allí es donde funda su fe, donde radica el privilegio de la certeza. Nacemos en manos de quien bien podría ser nuestro propio verdugo, el tirano de nuestro enemigo. Y  habrá de hacernos a su gusto y antojo; habrá de moldearnos este mundo binómico, de escasos dos lados, donde uno no tiene otra opción más que ser o no ser. Y si se es aún siendo nada, la realidad se nos planta trágica. Muros, cercos, paredes, muros. Por donde quiera que uno mira, a dónde sea que uno dirija su atención. Cercados en un cuadrado bidimensional; y allí dentro, para que no nos atrevamos a distinguir sus límites, nos vuelven todo un círculo alrededor. Una sucesión de cosas, repetidas, aburridas, de las que uno no puede decir si tienen principio, si tienen final. Finito concepto de nuestra propia finitud: el infinito.

Nacemos colonizados, completamente colonizados, desde los murmullos filtrados por el vientre y sus miedos; el cuerpo que nos alberga nos muestra el ritmo de sus miedos con los tic-tac de su organización. Y a ese ritmo crecemos. Unidos por un cordón imprescindible. Siempre necesitarás de alguien para vivir. Está signado desde el comienzo. Si no fuera así, nacer sería una decisión. Existimos gracias al otro, por el otro, por el mérito de una voluntad anti egoísta que elige privilegiarnos; o castigarnos; no lo sé. Mamando de unos senos que pronto quedarán vacíos y nos sacarán desnudos a la calle a buscar otro par; o algún otro alguien que nos  regale la razón de respirar. Conceptos, por todos lados conceptos, en donde quiera. Vivir como concepto, el toque de queda, los platos sobre la mesa con los cuadrados de su mantel. Las tablas del guardapolvo, el beso, el divorcio, la discusión. Y ahí anda uno, buscando otros más donde identificarse para hacer comunidad y comunión; partiendo al mundo en dos mitades, a la que pertenezco y a la que no, limitándonos las chances de considerar la existencia en expresiones del mal y del bien. A paso agigantado agigantando la brecha entre estos y aquellos, entre nosotros y el resto, entre ella y yo. 

martes, 28 de mayo de 2013

Declaración de Rebeldía

Aquellas épocas sin miedos, ¿te acordás?; esas donde sabíamos que la ilusión era casi una cosa cumplida. O los días de juegos, asumiendo personajes pintorescos, locos y pintorescos, todos los días. Las charlas pinceladas de valentía con todo y sus palabras; y el debate surgía en torno a cuál de todos los superhéroes uno elegiría para salvar a este pobre mundo de tanta desidia. Y hasta nos atrevimos a inventar uno, porque la nuestra era la imaginación más original. Allá había días de risas sostenidas, de caramelos y abrazos, donde amanecer renovaba la apuesta y encarábamos el día con afán de vivir la más inmensa aventura, aunque sólo se tratara de descubrir una nube con forma extraña, o rescatar alguna hormiga, o simplemente disfrutar del sol. Ese salir corriendo a los encuentros, permitirse a borbotones la emoción. Corríamos sin descanso, a pasos agigantados, y no teníamos idea de lo que significaba la asfixia. Horas llenas de ritual, de celebrar la vida. 
Quizás sea por eso que me resisto tanto a llevar el cartel de adulto, a resignarme a los esquemas que exige la vida; quizás por eso aún sigo teniendo estos vestigios de la pequeña atolondrada que iba tras lo que quería sin oír las advertencias ni advertir los peligros; quizás por eso es que aún sueño, que sigo viviendo la vida como si realmente fuese una braza encendida; quizás por eso y porque creo que mí, y porque creo en vos, y porque creo en nosotros, es que me declaro en rebeldía. 

viernes, 24 de mayo de 2013

No escribo

No escribo porque mi mamá a mis dieciséis andaba con el borrador abrazado, el de mi primer libro, mostrándolo entre sus amigas, orgullosa; hoy siente orgullo de los hijos de sus amigas que han logrado un puesto bien remunerado por allí. No escribo porque el editor tiene demasiado material de ganancia garantizada como para detenerse un día a leer lo que le envío y decirme quizás sí. No escribo porque la dueña de la casa que alquilo tiene todo el derecho del mundo de esperar el pago antes del diez y enojarse conmigo si lo hago el último día del mes. No escribo porque la ropa se aja, se gasta, se rompe, y una vestida casi en harapos de lo que alguna vez pudo comprar, no es para nada coqueta. No escribo porque la impresora se cansa, no sirve, no imprime, me deja a pata, y diez libros por día es demasiado para ella y muy poco para mí, porque las manos llenas de tinta tampoco son sensuales y, mucho menos, redituables. No escribo porque me deja demasiado tiempo para vivir, entonces le demando a la gente atención en cosas que la presura de las obligaciones no considera importante, y es lógico, nadie vive de escribir.  No escribo porque la gente prefiere los libros de autoayuda, o los clásicos reconocidos, o como mínimo algo con forma de libro, y los míos cada vez son más rústicos, más desprolijos, más improvisados. No escribo porque nadie paga más de diez pesos por un título extraño de alguien que ni siquiera es conocido, y eso obliga a los amigos a comprarlos todos y pagar demasiado. No escribo porque escribir, seguir escribiendo, me aleja de la renuncia que la vida obliga, y ahí voy, de pies lejos de su lugar en el piso, cuando todo el mundo espera otra cosa de mí. No escribo porque la lucha cansa, sobre todo cuando se brinda contra mí misma, que me debato entre la angustia por lo que quiero ser y lo que soy en realidad, del sueño de la escritora a la insoportable vendedora de libros, que encima no tiene mejor idea que destilar, escribir, publicar. No escribo porque la perseverancia es buena, pero esto se ha vuelto una obsesión, porque el camino está lleno de señales de que estoy yendo en otro sentido, y porque es indefendible el argumento de que haya un enemigo haciéndomela difícil. Porque he dado todo por conseguirlo, pero mi todo siempre ha sido mucho menos que nada. Porque ya no tengo fuerzas para la perseverancia, porque la indiferencia en las calles lo vivo como un castigo y hasta en este texto hago culto del pobre de mí. No escribo porque se ha vuelto nocivo, me ha corroído hasta el hueso al punto de hacer de esta locura, una parecida, pero ridícula, tonta, absurda. Porque la plata no alcanza hasta fin de mes, ni hasta el principio, y nadie tiene la culpa de eso más que esa parte de mí, que algún día izó la bandera de los sueños posibles. Soberbia. Estúpida e ignorante soberbia. Porque los títulos pasan y nada queda, porque ni los que me aman alcanzan a sentarse a leerme. Porque ha de ser como dicen, un alter ego, y habrá llegado la hora de hacerme cargo de mí. No escribo porque si no sigo escribiendo, y las cosas se repiten en espiral, hacia adentro. Quizás el blanco y la abstinencia logren que estalle, y en el estallido cobre propulsión y me eleve y crezca y deje de ser este proyecto inacabado de mí. Por eso y por todo lo demás, no escribo. 

24 de Mayo de 2013

Creo que hay que aprender a asumir las derrotas. Ese pelotudo optimismo sólo termina haciendo que una se vuelva necia e insista con algo que, es evidente, nunca va a llegar. Perdón a los que creyeron; seguramente se pueda, y esta renuncia tenga que ver con algo personal. Les deseo toda la suerte y toda la fortaleza. Y les paso la posta a los que aún crean, a los valientes, a los que sí son dignos de admirar. 
Al cabo todas las historias deben llegar a su fin. Acá se clausura la que hasta hoy escribí, o mejor dicho repetí en tantas páginas absurdas. 
Fin.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Tuve un sueño

          Sentencia. Entre ella y la muerte ese largo pasillo lánguido, y sus pasos por allí, abatidos. Sus pies, imitando los trancos de las botas de su destino, que la empujaba por la espalda apresurándole el camino. Los sonidos y sus silencios rebotaban en esos muros hasta perderse en el horizonte gris, uno metros más allá. Miró de reojo los ladrillos; las paredes tampoco habían logrado conservar intacto su maquillaje. Y por esos huecos parecían colarse los nombres de antiguos condenados. Era un consuelo, si es que algo podía servir para consolarla de saberse camino a su ejecución; el sitio estaba regado de otras huellas que también llegaron de pie hasta el lecho de su verdugo.
Tenía, de tanto en tanto, la sensación de dejarse caer, la gana de rendirse, la necesidad de echarse sobre las rodillas y desafiarlo a que la empuje hasta allí; quizás por lo ridículo de caminar sumisamente hacia el lugar donde la fatalidad haría rodar su cabeza. Huir sería simplemente una tregua, y qué caso tenía vivir escondida. Llegaba hasta el punto final erguida y así sería como enfrentase los ojos de su despedida.







viernes, 19 de abril de 2013

Pequeños lujos

Y esto de escribir me permite disfrutar de cosas así. Comparto con ustedes un mail que llegó para mimarme hace unos días:

Alejandra, en mis manos tu libro,  Martes Penintes, obra que te corresponde como autora, desde ya una excelente obra, tu singularidad descriptiva demuestra al menos para mi a una autora con grandes recursos.
Te escribo desde Bahía Blanca, saludante y con ganas de ponerme en contacto contigo ya que compartimos la pasión de curarnos y expresarnos por medio del arte escrito, aunque yo sinceramente carezco de tu lante. 
Desde ya muchos saludos y la espera de una pronta respuesta.
Saluda muy cordialmente tu admirador 
Luis S. 


No vayan a tomar esto como una súplica por más mimos :)

viernes, 5 de abril de 2013

Camino alalun… Hernán Lasque



“Es más Cielo la Luna que el Cielo, si una Cordialidad de la Altura es lo que buscamos”
Macedonio Fernández (1874-1952)

Lo mira lo está mirando como asoma apenas en el pasto y no quiere apresurarse y perderlo ya cuando había despertado en la mañana los recortes del sueño fueron pegándose hasta mostrárselo tal como ahora lo está viendo como a los anteriores pero aún no va a tomarlo entre sus manos y sólo observa sin pestañear pues al más mínimo movimiento el incipiente haz de luz que irá creciendo junto con su cuerpo diminuto que lo expande, puede desaparecer.
Se acerca dando cortos pasos medidos silenciosos mientras mira hacia atrás alguna casa con las luces encendidas y adentro tan lejos tan ellos tan todos tan tanto que no saben ni se enteran ya que tampoco podrían verlo como no lo hacen con los otros ahora que es invierno y no hace frío y lo mira y camina lento por el pasto húmedo que se aplasta y se levanta esponjoso cuando suelta el pie hacia otro paso y si estira la mano lo alcanza porque permanece inmóvil dormido se le ocurre con pereza despertando a la vida como el recién acido que finalmente será.
Se inclina sigilosa por no mover el aire sabe que puede escuchar el más pequeño movimiento y en consecuencia flexiona las rodillas cuidándose del chasquido de las articulaciones en el silencio de la noche con algún grillo escondido entre las plantas contra el muro y su sombra bajo el galvánico resplandor de la luna más alta el latir de su corazón y nada más lo mira lo está mirando sabe de lo que se trata y no quiere perderlo, pues no sería la primera vez.
Frío sudor de la noche las manos tibias y arriba las estrellas profundas le congelan la respiración cuando ya en cuclillas mira hacia atrás otra vez no extraña el calor porque ya alcanza el tamaño de un durazno al levantarlo en sus manos como a los anteriores aunque a diferencia de aquellos abrió unos ojos redondos y negros con una estrellita de brillo en el centro de sus pupilas que la fijan cuando lo mira y como que algo le quieren decir y quizás sea escapar a lo alto pues se eleva despacio imitándole el cuenco de sus manos como unos dedos que se apoyan sobre una mesa y se arquean y levantan cual araña elástica ensayando terrible precisa y natural el lanzamiento de su hilo en una trama axiomática del fines y principio si finalmente lo que moriría sería el nacer y el amar no solamente red, o tela que las palabras traman.
Lo sabe desde que despertó en la mañana pero nunca fue al encuentro de ninguno de los de aparición nocturna ya que siempre los veía irse apenas despuntaba el sol y ahora es de noche y levanta la vista admirando los brillos inalcanzables del cielo y temiendo un poco lo ajeno a su naturaleza por desconocida vio que presentía todo esto y oía el engranaje silencioso de sus pensamientos que podrían aturdirlo hacer que se vaya y desaparecer levantándose en la oscuridad trazando un fino arco apenas luminoso alejándolo de sus manos y entonces prefiere decididamente, agitar aún más su pensar.
Mira hacia atrás por última vez y se siente con un valor único especial auténtico por ir contra sí misma críticamente y se libera y respira profundo sin sonido cargando el pecho y soltando fino sin sonido el aire para mirarse a los ojos tiernos como los de un cachorro y caminar un poco más allá hasta llegar a las plantas pegadas al muro que rodea el mundo y verlo elevarse y tomarlo y mirarlo a los ojos para verle cambiar de expresión y sentir algo de temor ante la ternura enfriándose y finalmente, decidir hacerlo.
Mira la luna grande y firme a su alcance baja los ojos a sus anos él la mira como con aprobación y acerca entonces su cara y abre la boca para que se meta suave sin fuerza bajando la garganta sin provocarle arcadas ni asperezas y Lola cierra los ojos y siente el calor la tibieza y la luz bajar a su estómago expandírsele en el cuerpo que vibra, que espera volar.
Un ovillo parece desenrollarse estirarse extenderse desde sus entrañas salírsele por la boca elevarse y trepar la noche con ella que ya despega los pies del suelo pasto esponjoso que irá desvaneciendo la última huella y se eleva por sobre el muro que rodea al mundo mirando desde lo alto en su camino a la luna las luces de la cuidad las ciudades de los países la tierra rozándose al calor de las estrellas camino a la luna, Lola, camino alalun…
Hernán Lasque

Texto de Daniel Naistat


Pienso que tipea las teclas negras de una olivetti verde en la pequeña mesa de su casa, empujando intensamente sus dedos con una furia muscular, en un subir y bajar sus manos como una pianista de música clásica, que sin embargo hace el ruido de una línea de producción de una fabrica automotriz.
Pienso que está tallando una historia semireferencial como quien con el cincel configura en piedra un autorretrato.
Pero en realidad está tipeando las teclas de una computadora, absorbiendo uno a uno sus cigarrillos parliament, dejando un cementerio de colillas en el cenicero, oyendo un sinfín de canciones de trova, mientras escribe, mientras describe universos paralelos.
Yo tuve el privilegio, el invaluable privilegio de pasar por allí, por ese laboratorio literario en el que ella vive y sueña, en el que ella dibuja, en el que ella odia y ama, en el que el calor artificial es semejante al de una hoguera.
Ahora estará escribiendo una nueva historia, ya la estoy viendo, en realidad la imagino.
 Nos sorprenderá a todos como lo ha hecho con cada una de sus novelas anteriores, nos sorprenderá a todos reeditándose a sí misma.

Daniel Naistat

A ALEJANDRA REY - Alejandra di Pasquo




De a poquito e incansablemente,
gotea esta lluvia que moja sus sienes.
Camina en silencio,
sin decirse nada…
Vuelve al café y al cigarrillo,
para atrapa la calma,
para sentarse y soltar
esa espuma verborrágica.

No hay tiempo mientras describe.
No hay cielo o tormenta que le destruya
esa silueta de palabras mágicas,
que ingeniosamente construyen
libros en los que vos y yo,
en esas historias que nos sentimos
que somos parte


De Alejandra di Pasquo
22/10/2012 

Descubrimiento - Agustín Pablo Cardozo



El conocer a Alejandra Rey no fue un hecho cualquiera en mi vida. Yo me considero un fanático de la literatura (de vocación no por profesión).  En los libros y escritores que más me han marcado y despertado esta pasión, he ingresado en su mundo en forma dual. Esto es en simultáneo  a medida que me impactaba positivamente su obra, me admiraba tanto más su vida. Y así se armaba en mí una amalgama perfecta entre vida y obra de dicho escritor, lo que daba a mi descubrimiento una importancia superlativa y a la literatura en sí para mí una impronta casi sobrenatural.
Volviendo a este bello hito que nos convoca en estas páginas, conocí a Alejandra Rey primero por su obra, varios escritos en su blog y sus novelas. Su prosa es como un juego de belleza y significación, con mucha poesía condimentada con lindas metáforas que muestran lo bello en lo cotidiano. A la vez dicha prosa es atrapante, con un vértigo e inminencia que te hace no poder despegar los ojos de la hoja. Y le da buen ritmo a la indagación existencial y al conflicto interior.
Después la conocí a ella, su vida, su personalidad. Cautiva el hecho de que siempre lleva su literatura al hombro, como la mochila de los viajeros. Ya sea literalmente deambulando con sus novelas y la revista (Letras Ambulantes) o implícitamente. En el tono y la música de su voz se puede percibir su ritmo literario que no dan ganas dejar de escuchar, que a veces da pena interrumpir.
Sus ideales bien definidos y su consecuente apoyo a todo evento artístico –cultural que defienda la libertad, dignidad y los derechos inalienables del ser humano la hacen una escritora indispensable. Por todo esto quiero decir que Alejandra Rey para mí es la última amalgama perfecta entre vida y obra que conocí. Espero que a vos lector te pase lo mismo.
Agustín Pablo Cardozo.
Neuquén, 28 de octubre de 2012.

De pies ligeros - Claudia Forquera



Boulevard de Las Acacias
03 de Septiembre de 2019
Querida Ale:
Puedo decir que la mirada se me volvió lluvia al leerte…al oírte. Creo que puedo adivinarte sonriendo ahora mismo, porque aunque el mundo siga hablando de marketing y materialismo, vos inventaste que el mundo es de burbujas, que las noches tienen 24 soles y que oír música es llenar de agua un bosque… y todo resuena a risas y regresa las tardes que describía Guy de Maupassant, y no hay Idus que huyan, sólo dos seres emparentados por el hecho mágico y terrible de ir por la vida compartiendo el mismo corazón… las personas dejan en alguien recuerdos y memorias, como la Caro, como los días de barandilla tratando de mirar de lejos en que posta estarían tus sueños, los días de decirle a la vida que la lealtad es decir cuantas cosas se logran a partir de una idea y como uno desmadeja para que sea sueño… y te animaste y le pusiste nombre a las cosas y podés decirle al viento que deje de soplar en un día de adrenalina plena, el tema es que tus pies marcan su rumbo, porque lejos de ser una mujer que levanta tempestades, sos el alma de niña que le sugiere brisa a la vida, porque si él existiera en este mundo, seguro te miraría a los ojos con una sonrisa y te diría: Ale, las cosas van mal… sacarías tu lapicera del lugar de los prodigios y escribirías un plan mejor para esta tierra.
La mismidad es sólo arrancar sintiendo el latido más tenue, el que duda, porque siempre la luz, en el medio de la montaña, por pequeña que sea, es la más enorme, a modo de faro, y entonces se transforma… es guía… gracias lunita por este mimo al alma.

martes, 26 de marzo de 2013

Más de "Aporía"


Todo cuanto pienso parece cierto hasta que el pensamiento nombra la duda, hasta que tomo consciencia de la hipótesis, hasta que me pienso pensando en ello. Si alguien quisiera que yo crea todo lo que veo, que lo dé por cierto, parte esencial del plan sería no permitirme dudar. Pero dudo, pero formulo, voz para adentro, la posibilidad de alguien o algo jugando a las escondidas, decidiendo por nosotros, plantando atajos y desvíos en el camino. Entonces la realidad sólo puedo pensarla como cuadro. Si el pintor nos pintara el mundo debería hacernos parte de su lienzo. Dudar, pensar en el pincel, me coloca por fuera. Y desde allí, sólo es cuestión de hacer foco en el marco, de alejarse un poco hasta ver la finitud de la obra, el límite de la creación. Entonces quizás haya un punto intermedio entre el creador y lo que crea, una especie de punto de escape, de salida ficticia, de puerta ciega, que proteja su identidad ante eventuales distraídos como yo, que llegamos a tocar el borde del horizonte. Pero esa instancia o bien es irreal, pues no pertenece ni al universo de la pintura ni al del pintor; o bien es también parte del mismo cuadro. Estaré entonces en algo que podríamos llamar la periferia, casi a punto de caer pero parte. Parte de un todo inimaginable, pues también este pintor puede haber sido dibujado por alguien. Parte de un todo que con mucho esfuerzo puedo parcializar; entonces tal vez parte más insignificante de lo que puedo llegar a pensar. Pues quizás la imposibilidad sea simbiótica, mutua, idéntica. Tal vez mirar hacia adentro, tan hacia adentro, muy en detalle, sea así mismo imposible, como querer que los ojos lleguen tanto más allá. ¿Y si fuera verdad que sólo existe cuanto uno quiere que exista; si la realidad fuera sólo aquello que un par de ojos o cualquier otro sentido pueda conocer?  Al cabo aquello que hipotéticamente exista sin ser descubierto es tan irreal como si no existiese. Fuera de mi alcance pueden llover cascadas de agua cristalina y yo, sin saberlo, puedo morir de sed. Así, esto que considero vida lo sería sólo parcialmente; tal vez esos instantes en lo que no soy ni testigo ni protagonista sean los pequeños huecos en que algo o alguien me deja de pensar. Y un día me recuerda, me saca de algún baúl lleno de polvo, y me inserta entre todo lo demás.

sábado, 16 de marzo de 2013

Brindo


No odies, mantén limpio tu corazón de malos sentimientos, de malas sensaciones. Si odiás serás igual que aquellos que lastiman. La vida siempre se las cobra. Confiá en la justicia natural. Todo vuelve. Todo pasa. Y los señores en sus togas que encima dudan al momento de sentenciar. Los dolores como sombras resistiendo, aguantando, juntando pruebas, teniendo que dar argumentos para la condena. Qué ridícula que es la justicia a veces, y qué soberbia. ¿Cuánto vale una vida? ¿Cuánto cuesta tu dolor? Y el tiempo no para, y están los que te empujan a encarar los días con una sonrisa, como si aún hubiera algún motivo para ello. Todo es una cuestión de actitud; puta sentencia. ¿Actitud? Y todavía exigen que uno crea. Creer en qué, cuando todo lo que tenías ya no está, cuando te han robado lo más preciado, la razón de tu propia vida. ¡Fuerza! ¿Fuerza? ¿Fuerza para qué? Para que no vuelva a suceder, y uno se siente tan egoísta porque poco puede importarte qué destino le depare al mundo si la puñalada caló tan hondo que vas desangrando en cuenta regresiva.
Brindo, y no sólo brindo, sino que hago de mi brindis bandera; bandera que llevará consigo lo que pueda, lo que le quepa de todo este dolor; bandera que se desgarrará en grito, en alarido, hasta quedar completamente afónica, rogando que con la voz se vaya también esta maldita memoria que me pedís que no tenga.
Mientras vos caminás con la bendita fortuna de vivirlo desde afuera yo sigo acá, con mi copa en la mano deseando que haya algo, algo de todo lo que pueda hacerse, que sane, que repare,  que me lo devuelva. Y si no, que llegue el día en que por fin me contagie de vos y quede ciega. 

"Aporía" fragmento


Miro alrededor y pienso. ¿Cuántos otros techos bajos y tristes como el mío existirán? Cierro los ojos e imagino otros sitios idénticos a éste; otro espejo con su reflejo y la causa de esa duplicación, parados frente a frente, fusionados en un unísono invertido, y todas esas otras ausencias reflejadas cuando frente a ellos no se para nadie a quien imitar. Quizás haya otros sitios idénticos a éste, con un techo tan bajo y tan triste, con las mismas hormigas y el mismo colchón. Abro los ojos y miro todo cuanto me rodea. El universo está lleno de cosas; esa idea se hace más tangible, más vigente, cobra mayor dimensión cuando cuento todo lo que rellena este pequeño espacio. Todo está repleto de cosas, y allí donde no las vemos suponemos que las hay. ¿Cómo ha llegado todo a estar tan superpoblado? ¿De dónde ha salido todo lo que contiene este lugar?  Todo está tan colmado, tan cargado, todo lo que existe lo hace en tal abundancia que a veces pareciera que hasta cuesta respirar. La realidad debiera de una buena vez sentirse harta, satisfecha, saciada. Sin embargo pareciera adicta a la generación, a esta fecunda procreación infinita, incubando sonriente y feliz cuanta  entidad se le ocurra. Y el tiempo se llena de partos, y ella camina orgullosa de su gravidez. La veo engordada de futuros presentes. ¿Cuál será el semen que la abona? Una voz sale desde algún sitio y me susurra una palabra, una palabra que nunca había pensado tan poderosa, una palabra que le da sentido a todas las demás, punto de partida de cualquier otro vocablo. La palabra que define que las palabras sean palabras. Ella, la unidad gramática del discurso, la que nombran tácitamente como género y de la cual son especie todas las demás. La palabra crea. La palabra, poderosa,  erige aquello cuanto nombra. ¿Y si cada vez que uno nombra una palabra estuviera creando aquello que ella denota? Decir sería fundar, sería génesis, y el universo sería un montón de universos contendidos en uno cuyo nombre no se revela precisamente para evitar su duplicación. Uno al lado del otro, sobre el otro, dentro del otro, como sea, pero múltiple. ¿Cuántos mundos habré creado en mi intención de nombrar éste que habito? Uno nombra y crea, y juega a ser dios sin darse cuenta. Este mundo convertido en un gigantesco Olympo, titiriteros ignorando su rol de dirección. Peligroso el destino de aquellos mundos que han sido creados fuera de la consciencia de su propio creador, abandonados a su suerte, librados al azar; muchos de ellos incompletos, estériles por la omisión de haber nombrado su forma de subsistencia. Un todo y sus partes, llenas de otras partes volviéndolo a crear. Quizás por eso el universo es caos; no podría ser de otra manera si un pensamiento finito comete la soberbia de creerse pensando la infinitud, pretendiendo imaginar la eternidad presos en una realidad temporal. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Lo recordé por aquello de la confianza

Hay cosas que uno no debe hacer a determinadas horas, a riesgo de quedar como un loco, parecer idiota o ser desubicado; pero nunca me llevé bien con el reloj. Hoy es jueves; cuatro jueves ya desde aquel primero. Poco tiempo, pero es como si de siempre. Cuatro jueves, dos días para la fecha de la consigna, que te toca a vos, y yo y mi ansiedad que nos comemos los dedos. Te repito, nunca me llevé bien con el reloj. Y para colmo estoy en ayunas.
Tomo café y ensayo algunas letras que ahuyente ese pequeño eco que me hizo pedir auxilio disimuladamente por ahí. Estoy loca, lo sabemos ya. Miro el reloj; hoy es jueves, y dentro de veinte minutos el taxi tocará bocina en mi puerta reclamando que me apure. El mundo va rápido, corre, y la gente corre detrás de él. Pero hay un tiempo indicado para cada cosa, no vayas a adelantarte porque sería muestra de inmadurez. ¡Al diablo con eso!
"Cuando te das cuenta que querés pasar el resto de tu vida con alguien, deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible". Ansiedad. Bella e incontrolable ansiedad.
Tengo que mudarme, pienso mientras voy a paso con el día, sorbo rápido el café y me visto. Mudarme es difícil, sobre todo por esa historia de las garantías. Estar en ayunas mezcla las ideas, acabo de descubrirlo. Garantías; de eso habla la gente cuando te aconseja que no te apresures. Claro, cuatro jueves, algunas semanas, varios días, un mes, es poco tiempo. Digámoslo así:
Señor que casi no conozco:
Me dirijo a usted para comunicarle que más allá de haberlo encontrado hace 672 horas, y que esto no le suene a nadie razonable, se ha convertido usted en mi lugar en el mundo. Me han dicho por ahí que es prudente aprender a quererse; pues bien, si así ha de ser, me declaro una alumna prodigia, pues he aprehendido lo que debiese tomarme años en menos de un mes. Nadie me ha sabido decir cuál es la currícula en este asunto, pero no tendría problemas en pasar una especie de examen si fuera necesario.
Señor que casi no conozco (porque se supone que conocer a alguien es una tarea tan inmensa que no termina nunca), déjeme contarle algo que dice mi hijo. Lo cito: "Está mal eso de no hablar con extraños, porque si no lo hacés no tendrías amigos. ¿Cómo conocés gente si no podés hablar con aquellos que no conocés?"
Esto es como eso de "Rayuela": total parcial, total general. Señor extraño, lo amo. ¿Puedo amarlo y tratarlo de usted? No quisiera ser tan confianzuda.
Prudencia. Prudencia.
Creo que deberían haberme dado el manual de instrucciones, o un croquis del "paso a paso". Madurez, eso te exige la gente. Si madurar implicara, de alguna manera no hacerle caso a esta magia, me declaro en rebeldía, no quiero crecer.
¿Qué se supone que haga? ¿Que me pode las desesperadas ganas de un beso tuyo? ¿Que aniquile los brotes de la ilusión que , desde vos, han germinado hasta en el suelo más árido e infértil? ¿Que te quiera en cuotas?
Quizás sería prudente. Quizás debería esperar. Esperar que algún erudito vaya cambiando los colores del semáforo. ¿Seguimos en rojo? ¿Cuántas horas tienen que pasar para que se ponga en verde? ¿Me hacen un test? ¿Tengo que responder una serie de preguntas sobre usted? ¿Color preferido, nombre de la primera mascota, año en que egresó?
¡Qué ridículo me suena amar a alguien por sus accidentes!
Ok. Supongamos que accedo, que lo entiendo o no, pero lo acepto. ¿Podría usted, señor extraño, quedarse quieto? Si, quieto. No crezca, no cambie, ni de forma, ni de necesidades, ni de miedos, ni de sueños, ni de opinión, por favor.
Un mes; en un mes yo he cambiado tanto. Mirame; ya no tiemblo de miedo, ya no sangro como antes. Y eso es gracias a vos.
Creo que esto es un poco así: dos que van en su propio camino, con su propio rumbo, en linea recta, curva, torcida, con envión. Y de pronto ¡crash!, chocan, se cruzan, se encuentran. Entonces ninguno conserva su camino, se desvían; y, si supiera algo de física, hasta podría predecir su nuevo destino multiplicando alguna fuerza por alguna distancia, o sumando y restando algún otro factor. Por eso digo magia, porque usted y yo, señor extraño, nos cruzamos, pero el choque, lejos de dispararnos en direcciones opuestas, nos fundió el camino. Apelando a la lógica eso es imposible, inadmisible; a menos que no tuviéramos marcha en ese momento. Quizás estábamos quietos, quizás todo eso que nos aconsejan lo esperamos antes.
¿Poco tiempo? Treinta y dos años de mi vida esperando no me parece poco tiempo. Treinta y dos años de mi vida chocando contra obstáculos que intentaron alejarme de mi sino; treinta y dos años de intentos...¡poco tiempo!
Señor extraño; no sé si el quieto era usted y yo arrasé como huracán; si yo había quedado girando sobre mi eje después de tanto torbellino; no sé.
Hay una hora para cada cosa y hay ciertas cosas que no se debieran decir con el estómago vacío. Pero ¿sabe qué?, el reloj me parece puro cuento, y ya nada está vacío en mi vida desde que llegó usted.
Señor extraño, se lo digo con todo respeto (¡si ni tutearlo!) me he enamorado de usted. Y no sé si paso el cuestionario sobre sus cosas preferidas, pero tenemos el tiempo que nos quede de vida para contarnos. Sólo sé que la frase "para siempre" era de cuentos, y que con usted siento que me queda chica la eternidad (y aquí debo pedir disculpas por el robo, usted sabrá entender). Yo no sé en qué año le salió el primer diente, ni cuándo dejó de pensarse un superhéroe y se resignó a caminar. No sé si se llevó materias, si debe alguna, si pagó o no los impuestos en fecha. No sé ni cuánto hace que se compró la última remera, ni en dónde ni cómo se sienta para ver televisión. No sé cuándo o a quién le profirió la primera mentira, ni cuántas veces pidió perdón. No sé si se baña dos veces al día, o una o cien. Pero sé que le hacen falta un par de curitas y sé de mis manos con sus ansias de venda; sé que, como a mi, ante la inmensidad del amor se le llenan los ojos de lágrimas. Sé de sus guerras pendientes y de sus batallas ganadas, empatadas y perdidas; de la paz que lo descubre durmiendo en un abrazo cuando juró que abrazarse y dormir eran cosas incongruentes; sé que amanece a deshora, como yo; que es capaz (y lo hace) de dar la vida por los que quiere; que atesora momentos gigantemente pequeños en un diminuto baúl de recuerdos, que cada tanto mira y revive, también como yo; que lleva un cuaderno donde escribe las cosas más bellas, que está lleno de pánico escénico y que más de una vez por semana lo invade el eco de lo que vivió. Sé que sus ojos miran al mundo con ganas de encontrarlo cada día un poco mejor, y que si su voz copara todas las voces la historia entonaría los versos más dulces, no importa si en mi, en do o en sol menor.
Pero por sobre todas las cosas sé eso de mirarte, encontrarme en tus ojos y reconocerme; y sé mejor que nadie lo que somos cuando somos juntos. Somos juntos, y el camino para ser juntos es de a dos. Y si el sol nos encuentra desprevenidos, si en el abrazo se nos detiene el mundo, ya no importa la prudencia que aconsejan, ni los días, ni los tests, ni el reloj.
Entonces, así, en una hora no apta ello, tan a destiempo como nuestro amanecer, con la canción inconclusa, la casa en plena mudanza, el estómago vacío y más de una cosa por hacer; le pregunto, o más bien repregunto, o mejor le contesto, o le digo o le reafirmo: Señor extraño, me quiero casar con usted.

Palabrerío de jueves por la mañana


Este mundo es tan antimundo que nos ha malacostumbrado. Es tristemente tan usual la mentira, el engaño, la traición, la tergiversación de las cosas, que estamos como en estado de alerta permanente. A veces pareciera que poco importa la realidad objetiva, pues vivimos inmersos en una suerte de incomunicación, y suele pasar que, sean como sean las cosas, no podemos dejar de verlas con el aumento de la lente que los malos tragos nos han obligado a usar. Vivimos observándonos pero sin mirarnos; hablando, llenando el espacio de ruido, pero casi sin decir nada; estudiándonos pero sin conocernos; oyéndonos sin prestarnos atención. Y como juzgar a veces nos parece poco, redoblamos la apuesta en sentencia. Miedo; vivimos con miedo. Lejos, cada vez más, entre nosotros. La alteridad es más un peligro que una bendición. 
Ojalá no perdamos la batalla. Ojalá un par de ojos, una sonrisa, una palabra sea suficientes aún para creer. Ojalá dejáramos de condenarnos a esta prisión de vivir con cuidado y pudiéramos tomarnos de la mano sin tener que consultar el veraz. Ojalá no perdamos del todo la inocencia y aprendamos a soltarnos y vivir con más espontaneidad. Que retorcido fuera simplemente una palabra en extinción; quizás así la soledad tendría idéntico destino.

lunes, 18 de febrero de 2013

Adelanto


Es una sensación extraña. Empieza por la punta del dedo pulgar de alguno de mis pies. Pincha, se clava bajo la uña y avanza. Sube, por la planta y el empeine hacia arriba, me rodea el tobillo y escala por las piernas. Una especie de hormigueo. Pincha; un millón de hormigas  me trepan los tobillos pero no me dejan mover. Los pies no responden. Quisiera decir que han perdido toda sensibilidad, como si esas pequeñas patitas sobre los poros dejaran deslizar alguna especie de narcótico que adormece. Pero sienten, pues siento como me suben por las piernas, las hormigas y el hormigueo. Siento o veo. Quizás la sensación sea parte de la imaginación con que completa mi cabeza la imagen de esos cientos, miles de bichitos negros escalando por mi piel. Mis ojos ven e imaginan; no es posible que no haya respuesta, son demasiadas hormigas para no lograr despertar mis pies. Las veo en fila,  prolijamente ordenadas, una tras la otra o al revés. Se mueven, ensayadamente; montan sobre mi empeine una coreografía irrepetible. Se siguen, aunque la primera no tenga noción de hacia dónde guiará a las demás. Obediencia. La hormiga número dos es cómplice de ésta, sobre todo cuando al llegar poco antes de la rodilla la primera titubea las antenas y gira, y otra vez en el norte el pie, y nada más allá del pulgar; desde lejos la número dos logra ver que la uña invita al fin de la travesía. Será entonces momento de volver a girar. Y si el destino las ayuda, mi pierna se mueve, vuelta a empezar; a dibujar nuevos mapas al roce de las patas; y anda la primera, la cómplice y la tercera, pues una hormiga más allá todo paso es perfectamente creíble, una hormiga más allá el horizonte depende de las demás huellas en el itinerario y la proyección de la imaginación o simplemente el ir caminando.
La fila avanza, del pulgar casi hasta la rodilla y regresa, en una hilera semejante, unos centímetros más allá. Todo marcha con normalidad. Pero la normalidad dura lo que dura la obediencia, y no es necesario más que un simple destello de curiosidad para que todo cambie. La tercer hormiga es la que rompe la hilera de súbditas sumisas. Frena repentinamente. Y parada, cabeza de reojo hacia atrás, pega un grito que escandaliza; y es toda una nube negra lo que se dispersa por el pulgar, el tobillo y sube por el pie. Mis ojos imaginan la cosquilla, y todo el resto de mi cuerpo responde hasta estremecer. Pero las piernas siguen inmóviles; comienzo a desesperar. Imagino una guerra de conquista, porque este ejército de hormigas no tiene pensado ofrecer la rendición. Una batalla napoleónica sobre mi piel; las trincheras en mi talón. Pero ¿quién ofrecerá resistencia? No es posible pelear con quien no ofrece combate, ni tiene tácticas, ni opone resistencia. Mi pierna ha plantado bandera blanca desde el inicio de esta situación. Pero las hormigas han reverdecido en ánimo de revolución, y no se irán a casa hasta que no encuentren un enemigo. Y si lo hubiera, si mi pie se dignara a moverse y sacudiera con fuerza hasta acabarlas… ¿las acabaría? Mi pie sólo puede moverse. Reglas claras: nada de alianzas. Para empuñar otra arma seduciría a alguna de mis manos a colaborar. Pero las reglas claras. Pie contra hormigas; a lo sumo pie y pierna, o pierna con su pie. Pierna y pie. Alguna vez hubo entre ellos una contienda. ¿Pierna y pie, pierna con su pie o pie con su pierna? Cuestiones de soberanía que no creo que hayan podido resolver; más bien imagino estarán de tregua, quizás obligada por esta invasión externa. Primero derrotarían a las hormigas; hasta ese momento habrán de esperar las cuestiones de independencia. Lo cierto es que ambos, pierna y pie, contra las hormigas. Ese era el plan; no más roles en esta película. Manos fuera. Pierna y pie contra las hormigas. Único recurso: sacudirse. Y ni eso. Pierna y pie completamente adormecidos. Y la cabeza que los mira desde los ojos y les plantea el conflicto simulándome una sensación. Yo no sé mentir, eso hace de su plan un fracaso. Allí abajo mi pierna y mi pie completamente invadidos por las hormigas; mis ojos que atestiguan y un escalofrío que me cuenta que mis ojos lo sienten. Pero ellos allí no lo creen y quedan petrificados, ausentes. Las hormigas corren de acá para allá, se asoman a todos los frentes. No está el enemigo. Muerto mi pie simula ser tan sólo el campo de batalla. No está el enemigo y la pierna no ofrece oposición. Miles, millones de hormigas me recorren, me invaden, me conquistan. Buscan, se asoman y buscan con quién batallar. La piel un completo desierto. Habrán de haberse rendido, piensan, y van tomando consciencia de la conquista, del territorio nuevo, de la expansión del imperio. Y se reúnen en algún sitio que no alcanzo a ver y festejan; brindan y bailan los nuevos amos de mi pierna y mi pie. Mientras, mi cuerpo mira atónito, desconfiado, confundido. Ellas reparten ese trozo de mi geografía y organizan la nueva nación. Pronto acabarán de dividir las funciones y comenzarán a cavar en mi pie. Llegarán hasta lo más profundo y descubrirán mis arterias, túneles por donde comenzar a trazar el camino de la próxima invasión. Y así colonizarán cada otro punto de mi sitio hasta tenerme a mí. Soberanas  decidirán ser vigías desde las ventanas de mis párpados y, el día en que nuevos exploradores lleguen al nuevo mundo, seguramente ellas sí agiten su pie. Enemigo, no sólo enemigo, sino digno. Huir es demasiado cobarde; y mis poros que respiran profundo, y mi pierna debajo de mi pie esboza algún movimiento. Debo apurarme antes de que se hayan apoderado de todo. Y mi pierna que acompaña el movimiento de mi pie. Aún es lento, casi por completo producto de mi imaginación, pero de a poco crece, se hace visible, perceptible. Es entonces que estalla la guerra. Ellas clavan sus puñales, pinchan y hacen cosquillas; nosotros sacudimos con toda la fuerza hacia delante y hacia atrás. Se sacuden, una y otra vez, pero es tarde; las hormigas han invadido todo el lugar, han clavado sus puñales y a medida que esa parte de mi cuerpo se va despertando la presencia del dolor es protagonista. Dolor o ardor, o los dos. Muevo mi pie, y el dolor punza, clava, se acelera por entre los tejidos y penetra y duele desde adentro hacia fuera también. Su veneno está por todas partes, se ha apoderado de mi pierna y mi pie. El dolor se agiganta, crece y me traga y lo demás se estremece y grita el dolor. En ese mismo instante florecen sobre mi piel las marcas del ataque y el cuero se me llena de ronchas rojas, intensas, por momentos violáceas, por momentos coloradas. Una al lado de la otra, por todo el pellejo, desordenadas. Se unen por debajo de la cáscara y se aferran de las manos y tiran, retuercen y duele. Y el dolor amedrenta las intenciones de ofrecer combate; el dolor amenaza peligrosamente. Se rinden la pierna y el pie y vuelta a aquella quietud inicial. Una esperanza ilusa imagina por un segundo que todo vuelva a la normalidad y la hilera de hormigas regrese al tobillo y se vuelva a ordenar. 

sábado, 16 de febrero de 2013

Somos


Somos una alegoría. O tal vez una repetición en eco difuso, confuso, mareado, perdido, irritado, de un solo sonido que alguien pronunció alguna vez. Una suerte de canto desafinado, desentonado, disfónico, atolondrado; que confunde notas con derrotas y olvida la letra en mitad de la canción. Una obra mal ensayada, que omitió contratar apuntadores, que borroneó tanto el guión que ni el director la entiende;  demasiado rica en escenario, decorado y vestuario, con más actores que papeles, sin público y sin telón. Una enfermedad autoinmune pero cobarde, que llega siempre hasta el borde pero no se anima a más, y nunca da el último paso; entonces se recupera, se perdona y casi se pone de pie, hasta que ciega por el virus y la culpa vuelve a contaminarse, y se envenena con más virulencia, y la promesa de muerte es cada vez más violenta, aunque también es más piadoso el perdón. Una fábula sin moraleja, un cuento tartamudeado hasta hacerle perder el suspenso, una falsa premonición. 

viernes, 8 de febrero de 2013

Un cupido distinto


Con lo tiempos que corren, la globalización,  con tanto sorete sin diluir que anda dando vueltas por el mundo, estos HDP que no cesan en su afán por cagarnos la vida, hemos diseñado un nuevo plan para combatirlos. Es ni más ni menos que un “Cupido para Hijos de Puta”. ¿Cómo es eso? Sencillo. Viste que la Iglesia te dice (en palabras mucho más rebuscadas y con millones de argumentos) que Dios ayuda a los que son buenos. Si sos malo, si te  la mandaste, primero te tenés que arrepentir. Cupido, que es un angelito,  podemos afirmar que depende de Dios, aunque no sepamos bien de cuál de todas sus jurisdicciones. Entonces a Dios no le podemos pedir que se haga cargo de estos forros porque ni modo. Y creemos que la solución sería algo similar a aquella vieja frase de las abuelas "las nenas con las nenas, los nenes con los nenes"; o sea los hijos de puta con los hijos de puta y he ahí la solución. Porque imaginate: buena gente con buena gente ni un problema, a relajarse y gozar; el tema se presenta cuando una buena persona se cruza en el camino con un HDP, porque claro, el bueno le cree y el sorete se aprovecha. Ahora, si juntáramos dos HDP, se sacarían los ojos por ver quién es peor de los dos, y de esa manera podríamos hasta asegurar que, sin darse cuenta, establecerían una suerte de autoregulación; que se maten entre ellos (hablando en criollo).
De todo ese análisis hemos podido, como bonus track, caer en la conclusión de que el comunismo no puede aplicarse a sociedades pobladas de hijos de puta. ¿Por qué? Miralo así: en una sociedad donde hay un justo reparto de las cosas, tendríamos la misma cantidad de víctimas para cada victimario. Entonces, antes de la revolución, sería prudente aquel tratamiento del que estábamos hablando. Lo mejor para acabar con estos malos bichos, que pareciera que sólo viven para cagarnos la vida, es mantener este sistema algunos años más. ¿Por qué? Porque, contagiados de la avaricia típica, de esto de capitalizar, acumular riquezas, tendríamos HDP de la high society, donde cada HDP tendría más de una víctima, entonces podría dedicarle menos tiempo a martirizar a cada una (con suerte podríamos planificar algún plan de fuga, de rescate, y más de una salvaríamos); y estarían los HDP pobres, los que no tendrían más opción que  compartir una víctima entre toda una familia de hijos de puta, y de esa manera lograríamos idéntica autorregulación, pues nuevamente los tendríamos sacándose los ojos en esa estúpida lucha por ser el peor, por no tener competencia. Como muchas veces, el germen del fracaso de esta cura está en la clase media medio idiota (como dice un gran cantautor de la cordillera) que anda casi siempre confundida; un día tiene más de una víctima, un día no tiene ninguna y tiene que andar pidiendo prestado, embargando hasta el apellido por ello; sobre todo cuando se ve inmersa en esos jodidos tiempos de inflación a los que en este país estamos tan acostumbrados; andarían diciendo por ahí “antes por dos pesos tenía tres víctimas, ahora una sola me sale un ojo de la cara”. Y aquí es donde le terminamos de encontrar la vuelta y aplicamos aquel principio filosóficos de ver la oportunidad en medio de la crisis, puesto que sería fácil a estos pequeños burgueses de la maldad reconocerlos, andarían por la calle con un ojo menos, y serían perfectamente identificables hasta para el más distraído,  confiado y “boludo”. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Para no perderse

MIGUEL SPRUMONT TRÍO (MÁS INVITADOS) EN EL ARRIMADERO TEATRO !!!!!!


  • El Arrimadero Teatro. Misiones 234, Neuquén Capital
  • En el ciclo de música de los viernes, Miguel Sprumont Trío (Hernán Sanchez y Juanca Barros) más invitados, estarán presentando sus canciones en un espectáculo multiarte que incluye fotografías, cuentos y poemas...
    INVITADOS ESPECIALES: ANDREA BRAUN Y WALTER CUEVAS !!!!!
    Los títeres de María Pía Borghero
    Tambien Ana Jorgelina Sotelo, Ana Herrera, y la escritora Marta Andreoli