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miércoles, 21 de noviembre de 2012

21 de Noviembre


Llueven letras y se nos moja el piso. Hay que andar con cuidado saltando tanto charco. Si pisás distraído corrés el riesgo de que tu pie se vea envuelto en una página de esas que te roban hasta los zapatos. La tinta mojada te tiñe las medias y se mezcla con el talco, entonces las palabras se esconden tras la bruma de los pasos y ya no sabés si andás  o si te escriben andando. Hay viento, sopla fuerte, y las oraciones se nos enredan en el pelo y uno anda caminando con frases absurdas como peinado; gente extravagante murmura una señora que nos mira desde el balcón. 
El problema de que la ira de la tormenta nos confunda con el texto es que esa hoja bien puede ser un borrador, y acabaría uno hecho un bollo, olvidado y arrugado, botado en la papelera. Triste destino haberse vuelto personaje para que nos borren de un tachón. 

3 comentarios:

Basilio Pozo-Durán dijo...

Tiene ritmo de canción nostálgica de domingo a última hora de la tarde, con papeles con letras revueltos a punto de caerse encima de cada mueble. Me quedo con "ya no sabés si andás o si te escriben andando" y el temblor de que quien escribe también se hace personaje.

Jorge Núñez dijo...

Adhiero a su bello texto, la magia de la literatura está en apreciar al mundo distinto. Cuando uno crea, vive de otra manera, a veces los sueños parecen realidad, y las verdades mentiras, pareciera que todo converge en esa ficción de la cual nos sumergimos de lleno en el libreto. Hermoso, saludetes

† Un sueño solamente † dijo...

Hermosa forma de escribir.. Sos de neuquen? YO tambien, je, te sigo, un abrazo.