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miércoles, 31 de octubre de 2012

Te invito a viajar

      Unos días antes de encontrarte Lola se desgarraba. Despertaba del sueño a la pesadilla real de encontrarse duplicada; moría una y otra vez en el intento del amalgama, y el sol le escurría las lágrimas llovíéndolas sobre el vapor de las ventanas. Unos días antes de aparecerte Lola se ahogaba en la tos.  Salía al mundo desnuda, invisible, disimulada; la prisa le pisaba la cabeza, y te buscaba. Unos días antes de que llegaras Lola era engullida por el mundo. Te escribía un río y el papel se lo robaba, dejándola casi sin sentido, afónica, sobre el piso y la ilusión desparramada. A veces le imitaba la cara a la luna y salía a caminar espiando cada par de ojos que la esquivaba; otras te seguía camino al trabajo, o te preguntaba la hora a las dos menos diez. 
Tanto lloró Lola en la espera, tanto se quejó de las veces que la dejaron a oscuras. Nunca se imaginó que vos le ibas a encender el cielo. 
Pero esas cosas suceden, aunque no tengamos muchos recursos para explicar cómo o por qué, y recurramos al azar, a la casualidad. Sea como fuere, fue la magia y de pronto acostarse boca arriba y pintar lucecitas que nos encendieron un mundo. 
No sé, hoy me puse a pensar en vos; mientras recorría la ciudad de un extremo al otro, me puse a pensar en vos. Te imaginé caminando al lado mío; tu carita tan nítida... toda otra vez que te imaginé estaba tan difusa que me perdía tu sonrisa. Y detrás la mía, sonrisa reflejo, por haberme aprendido hasta el color de tu piel. Te imaginé caminando al lado mío, recorriendo la ciudad de un lugar al otro, de la mano, y el sol también sonrió. 
Y nos anduve por una y otra calle, y mientras anduvimos se me cruzó el antojo de hacer un viaje. Entonces cerré los ojos y soñé los sitios más bellos, los mejores lugares adonde ir. Eran todos tan especiales que me costaba decidir a cuál invitarte. Volví a casa cansada y algo frustrada, porque el despertador sonó en la voz de un vecino, en una bocina, en el ladrido de un perro, en una frenada, y me obligó a contar el tiempo y las monedas, escasas, y saber que no me alcanzaban para llevarte a ningún lugar. 
Pero suelo resistirme antes de darme por vencida y así también sucedió esta vez. Después de calcular y calcular cuántos kilómetros podría financiar con la telaraña de mis bolsillos y maldecir la economía, encontré el mejor lugar.
Te invito a mañana.

3 comentarios:

Christian Cardozo dijo...

Me sacas una sonrisa..
Me la dibujas.. Es tuya, hace lo que quieras con ella... Con ellas, te regalo las que me sacaste y las que no, las de ahora y las de antes.
Te raglo incluso las que debieron ser y no fueron

bondearte dijo...

Belo texto!!!

Amo Siniestro dijo...

La literatura es una buena catarsis, además de una forma de expresión que si incluso sirve a otros corrobora cierta calidad que la convierte en tesoro de letras como tu caso, saludos.