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viernes, 21 de septiembre de 2012

Lola, otra vez

Te miro, una vez más te miro. Te observo, con los ojos camino cada centímentro de tu cuerpo; con los ojos hasta que me acerco, y te repito con la yema de mis dedos, y me alejo, cierro los ojos mientras me alejo y duplico tu contorno en mi imaginación. No somos uno y ahora tampoco somos dos. Somos tres, cuatro, cinco, somos tantos como tantas veces nos multiplique el simulacro párpados adentro. Primero tu cuerpo, perfectamente calcado a la imagen que logro de vos; y sos dos, y estás allí, tendido sobre las sábanas, y estás acá también, reiterado en una copia fiel; o quizás sea ese otro el intruso, el que permanece inmóvil sobre el colchón, y tu original sea éste que se mueve, me abraza y me tiembla por dentro. Luego yo, parada, única, sobre las plantas de mis pies, a la par de la ventana; yo exclusiva, precisa hasta mi sombra, que no es más que mi primer repetición, y después mis ecos, danzando de tu mano por debajo de mis pestañas, enlazada a los dedos de tu clon. Ambos reincidiendo, reiterándonos en la blancura de los límites del cuarto gracias al sol; en redudandancia de nosotros mismos cuando nos pienso.
Estoy, estamos, estás, parada frente a tu cuerpo, que yace sobre el lecho, de espaldas a la ventana; parada frente a un cuerpo que ya no sé si es el tuyo, dentro de uno que ya no reconozco como mío. Pero estoy; estás, estamos, en algún sitio. Estoy, estás, estamos en algún sitio, o en varios, o en todos, o en ninguno, quizás todo eso sea exactamente lo mismo. Estás sobre la cama; te veo, te observo, te miro. Al menos algo hay sobre la cama. Un cuerpo, perfectamente determinado, surcado por el perímetro de una piel que lo cubre, lo mantiene, los sotiene, lo recubre; y aquí, en este punto específico, en esta intersección desde donde te miro también ocupa un espacio otro cuerpo, que otrora llevaba puesto vistiéndolo ciertamente como el mío. Una piel, un montón de huesos acomodados bajo un determinado órden, músculos, fibras, tendones y músculos en perfecta articulación; venas, venas, y sangre y arterias, plasma, glóbulos y plaquetas; órganos, sistemas y células; células, mitocondrias, ribosomas, lisosomas, y todo lo demás también. Cuerpos, dos cuerpos; dos estructuras físicas, materiales. Corpus: extensión limitada y perceptible por los sentidos. Cuerpos, sistemas orgánicos, conjuntos de cosas, cuerpos. El tuyo sobre el lecho, el mío de pie, a espaldas del rayo del sol, el perro y su ladrido. Cuerpos; ¿el tuyo, el mío, el de ninguno de los dos? Cuerpos, dos cuerpos; uno tieso sobre el colchón, otro de pie, de espaldas al rayo del sol, el perro y sus aullidos. Cuerpos, dos cuerpos y su imitación, en la sombra, en el recuerdo, en el pasado, en el camino, en tus restos en mis dedos, en mis palabras en tu voz, en el eco de los sueños. Cuerpos, dos cuerpos y su imitación. Dos imitaciones y sus muchos cuerpos, idénticos, interminables e infinitos cuerpos. 
Respiro y un indicio de tos se atreve. Uno, dos, tres… y la evito. 
Un cuerpo o su simulacro te observa con sus pies en el piso, sobre la sábana y el piso. Un cuerpo o su parodia te observa, con sus pies en el piso, sobre la sábana y el piso, y tiembla. Un cuerpo o su representación te observa, con sus pies en el piso, sobre la sábana y el piso, tiembla y te observa, observa otro cuerpo, otro cuerpo o su falsificación, observa otro cuerpo o el mismo, recostado, boca arriba sobre el colchón. 
Uno, dos, tres cuerpos, un montón. Todos los cuerpos y un par de ojos que los observan, un par de ojos que también se duplican con los cuerpos. Ojos, un par de ojos en cada cuerpo, montones de cuerpos, montones de ojos. Te miran, me miran, nos miran y ven; ven los cuerpos y ven los ojos que miran otros ojos, otros cuerpos. Ojos que miran, ojos que se dejan ver. 
Un cuerpo yace sobre la cama, quieto sobre la cama. En él un par de ojos cerrados, los únicos ojos que no ven en todo este escándalo. Inútiles los ojos de ese cuerpo si no miran, infructuosos ojos sobre tu cuerpo, un cuerpo pálido, quieto entre medio de tanta multiplicación, un cuerpo inerte con ojos infecundos, absurdos tu ojos y absurdo tu cuerpo, absurda su quietud y su ceguera; más absurdo este enojo que me provoca que no veas, que no vean tus ojos, que tu cuerpo no se mueva, que el perro aún aulle, que no suene otra vez el reloj, absurdo como el sol, que se empecina con quemarme y hacer sombra de mi cuerpo sobre tu cuerpo, una sombra que sólo mis ojos ven y repiten en otros cuerpos mientras tus ojos siguen declárandose innecesarios.

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