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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Hace cuatro horas

Hace días que resisto a la tentación; debo admitir que no es fácil. Llevo horas esquivando el papel, lo miro de reojo; te juro que llama, me grita desde el blanco, se ofrece virgen y dispuesto a toda esta sensación. Y yo ciego mis ojos, miro para otro lado; y cuando no puedo más dibujo alguna palabra ajena, le regalo alguna oración que no haya escrito yo. 
Durante días resistí inmersa en la lectur
a, pero las letras son tan estrategas que te encuentro hasta donde no estás; y cada frase de otro autor tiene un dejo tuyo. Y acá estoy, rendida, asumiendo la derrota, entregada a la tarea de escribir sobre vos.
No es que no quiera, en realidad esa es la parte más difícil; es que tengo miedo, tengo miedo de que suceda lo mismo una y otra vez.
Pero el oficio reclama, exige, y hasta quizás condena; heme aquí fundida entre los trazos dibujándote. Suspiro y suplico que hoy sea diferente, que el texto no te atrape, que no te lleve, o que al menos te sepa compartir.
De fondo una canción que no escucho, es que tu nombre tiene ese poder. De pronto el mundo se reduce a tu abrazo, y el tiempo, dentro de ellos, deja de existir. No hay lugar más seguro que tu beso, me digo aliviada y me atrevo a seguir.
Las letras se vuelven garabatos si intento definirte; se abrazan en esa misma melodía con que tus dedos acarician mi sed. Cierro los ojos y recuerdo cada recoveco de tu geografía; sonrío porque sé que he descubierto ya, los sitios donde esconderme.
Y te recorro, y en cada centímetro descubro una palabra nueva; una palabra nueva y al instante la magia que promete mantenerla intacta durante todo el recorrido, y que redobla la apuesta, cuando de a ratos se atreve, y la impregna de nuevos sentidos.
Hay momentos en los que le gritaría al mundo aquello del bendito azar de reencontrarte, como vos; pero la ansiedad nos ha hecho gritar en falso tantas veces... Entonces escondo la nariz entre las sábanas y decido guardarte en silencio; pero desborda, inevitablemente desborda. Es que la inmensidad no cabe en ningún envase, trasciende, aunque me guarde el secreto para mantenerlo a salvo, trasciende. Me delata la sonrisa, me delata la canción.
Mirá todo este desorden, mirá todas estas letras mezcladas que, aunque aparentan estar ordenadas, no dicen nada. Mirá cómo se me derrumba el mundo, cómo se tambalean hasta las metáforas, cómo se declaran pequeñas, finitas y se quedan calladas. Mirá cómo no me alcanzan las teorías, cómo te me has vuelto inevitable, cómo ni el miedo, ni las dudas, ni los consejos, ni las heridas, ni la sal, ni nada. Mirá cómo no paro de repetir tu nombre, de imaginarme el camino, cómo asumo sentirme a gusto hasta con sus días repetidos. Mirá cómo creo y me animo. Mirá cómo me atrevo y desafío todo mal augurio, y me le río en la cara a la mismísima mala suerte, al papel y su maldición; mirá cómo te escribo.

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