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jueves, 30 de agosto de 2012

Pedacitos de Lola


En el diario siempre las mismas noticias, aunque quiera creerlas distintas; quizás otro nombre, otro sitio, pero al cabo todo siempre es igual. Crónicas de la misma cosa repetida, la última pitada al cigarrillo y la certeza de encontrar cada esquina exactamente la misma, más allá de sus coordenadas; personas que reclaman, otros que no dan, gente que sale a la calle vestida de la misma manera aunque siempre lleve una ropa distinta; rutinas, acá, allá, donde quiera que veas, rutinas; levantarse, el baño, el cepillo de dientes, el café del desayuno, las tostadas hechas con el mismo fuego y el mismo pan; tostadas recicladas, gente reciclada, vidas recicladas; noticias y más noticias;  están los que tienen, a los que siempre les va a faltar, los que luchan por eso, los que dicen luchar, a los que no les interesa, los que no saben de qué coño les hablo, los que roban y van presos, los que van presos sin robar, los que denominan trabajo a sus grandes estafas, el miedo por todas partes sembrando amenazas; los títeres y los titiriteros, el público que aplaude o abuchea, el que dirige, el que corrige y el otro que ni dirige ni corrige, el que está y lo sabe, el que no sabe y está, el que está y ni cuenta, el que pretende llevarnos las cuentas, los que suman, los que restan, los de la división y los que dividen mientras otros multiplican; gente que se multiplica como conejos, y puebla, y conquista y vende y negocia; los que se quedan, los que quieren irse, cada una de las salidas de escape y la prisión; el que siembra, el que recolecta, el que gana fortunas con la recolección; las casas, las plazas, las ventanas, la gente tomando mates al sol; los planes, los imprevistos,  el orden y la impertinencia de querer desordenar; los martes, una y otra vez martes, las madrugadas y cada uno de los cigarrillos; todo exactamente igual. Y hay gente que escribe sobre ello, y gente que lee y logra sorprenderse como si nunca hubiese estado en ese lugar. Copias, calcos, reiteraciones y el reloj, la única manera de convencernos de algo distinto. Acá son las seis treinta,  sigue siendo martes, y el reloj parece no funcionar. Piense en lo que piense, lea lo que lea, siga estando yo aquí o me haya movido  a otro sitio,  todo sigue exactamente igual.  Enciendo el último cigarrillo, quizás lo único que no me permite del todo aferrarme a este delirio de martes por la mañana, quizás la única parte del relato que no puede permanecer quieta, que se consume,  que se descuenta. Siento alivio por no haber dejado de fumar. 

1 comentario:

Agustín Cardozo dijo...

Jajaja Buenísimo!!! En mi caso tu cuento quizás sea lo único que me salve esta noche de una atormentadora ciclicidad. Besos