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miércoles, 18 de julio de 2012

El rostro de mi conciencia


¿Alguna vez pensaste qué rostro tendrías si no tuvieras el que llevás puesto? Suele sucederme que un espejo me encuentra y la imagen que devuelve a mis ojos es completamente desconocida. En esos momentos me acerco y me pregunto en silencio ¿así me verás? No lo sé.  Pues hasta hace pocos días tampoco tus palabras tenían piel.
                Las  noches más desesperantes son esas en que las demás caras también pierden el recuerdo de si mismas y se dibujan extrañas; esas en que salís a caminar y no sos capaz de reconocer nada ni nadie a tu alrededor.  Y ésta es una de ellas.
                Quizás sea esta gripe que ya lleva más de una semana conmigo, o el contraste entre su persistencia y la fragilidad de mi sonrisa que lo único que recuerda a menudo es cómo desaparecer.
                Camino y sonrío, de ensayo, cada vez que encuentro mi imagen reflejada en alguna vidriera.  Se asoma y se borra, casi al unísono. Me consuelo pensando que quizás no importe que dure unos segundos si aprendiese al menos a resonar en eco el resto el día.  Pero aún no aprende a permanecer y los siguientes pasos siguen sumidos en el silencio.
                La ciudad está llena de gentes. Todas ellas caminan buscando el rumbo entre las baldosas y el asfalto. Todas tienen rostros tan distintos que hasta parecen el mismo, una y otra vez repetido.  Te encuentro en ellos, cuento; te veo pasar delante de mí cincuenta, cien, mil veces. Pero ninguna de ellas me reconocés.
                La noche está oscura en esta zona, la luna habrá de haberle prestado su cara de hoy a algún indeciso que encontró por allí, pues parece no tenerla puesta, Tal vez ese alguien sea yo y por eso no logre verla, pues hace falta luz para que funcionen los espejos.
                Aún no sé bien por qué he salido a buscarte si todavía no te conozco.  Creo que la ansiedad suele jugarme estas malas pasadas. ¿Cómo sabré cuál de todos los que me esquiva sos?  ¿Habrás de reconocerme con la cara de la luna y sin sonrisa?  Se supone que sí, pero tantas cosas erradas se suponen…
                Deambulo hasta que me encuentra el sol, extrañamente muda entre tanto ruido.  Y la luz me siembra una duda. No sé si te espero o te odio por hacerme esperar. Suelo desesperar más a menudo de lo que me conviene. 

1 comentario:

Horacio Beascochea dijo...

Los mundos urbanos y la soledad, pese a estar apiñados en una ciudad con tantas personas y escasas compañías...

Beso