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lunes, 9 de abril de 2012

GYFOCHROG

(“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”[1])

E
l coronel, conservó hasta sus últimos días cada una de las cartas que él le había enviado. Las guardaba celosamente en un antiguo cofre que a todos lados llevaba consigo. Esas letras estaban perfumadas con el aroma de la habitual humedad de aquellos días en Buenos Aires. Antes de partir se habían prometido no escribir, porque sabían que, de hacerlo, estarían dejando un testimonio demasiado peligroso; pero la ansiedad pudo más que la palabra empeñada y desaconsejó a la cautela. Fue así que, al poco tiempo haberse asentado en Patagones, Julián recibió el primer sobre.
            Se conocieron un año antes de que Guillermo fuera designado Ministro del Interior. Julián era unos años más joven que el doctor, y quizás haya sido ese mismo vigor que aún le regalaban los años lo que a éste sedujo.  Buenos Aires por ese entonces se incorporaba a la Confederación Argentina en calidad de miembro dominante, tras el triunfo de Mitre[2].  El largo conflicto y la tensión entre la Confederación y Buenos Aires aumentaba a medida que se acercaba el final del mandato constitucional del presidente Urquiza.  Durante su gobierno el país había quedado dividido. La Batalla de Caseros[3] había acabado la época de los caudillos, pero no las diferencias entre unitarios y federales. Los unitarios de la Provincia de Buenos Aires no aceptaban la política de las demás provincias que querían organizar el país bajo una constitución federal. Urquiza intentó seducir a los porteños a que se incorporasen a la Confederación, pero nunca con éxito. El enfrentamiento era, además de ideológico, sobre todo arraigado al poderío político y económico. La Batalla de Cepeda[4] obligó a Buenos Aires a aceptar la Constitución Nacional, pero esto tampoco había logrado acabar el conflicto. El gobierno de Derqui[5] resultó inestable y  aliados de Buenos Aires consiguieron avanzar sobre algunas provincias, situación de la cual derivó el nuevo enfrentamiento en la Batalla de Pavón. El desenlace de esa contienda yace bajo un manto de intrigas. Cuando Mitre está casi vencido, Urquiza emprende la retirada dejándole el campo al jefe derrotado. Muchos hablan de un acuerdo previo entre ambos, sellado la noche anterior en manos de Yatemon[6]. Sea como fuere, lo cierto es que luego de la victoria de Bartolomé, se disolvió el gobierno de la Confederación  y éste asumió el poder nacional temporalmente, período durante el cual sus hombres invadieron las demás provincias reemplazando sus gobiernos federales por jefes unitarios.
            Nos les fue difícil, entre tanto tumulto, justificar y disimular sus encuentros. Todos tenían, por esos años, los ojos puestos en la disputa por el poder, cosa mucho más entretenida que preocuparse por las intimidades de uno u otro.  Eran usuales las reuniones a puerta cerrada entre ciertos personajes clave, y así podían pensar los demás sus furtivos encuentros. Además, quién hubiera sospechado semejante cosa de un “señor” como El doctor Rawson y un hombre de la milicia tan importante como Julián.
            Así fue como cada noche, durante poco menos de un año, se amaron. Pero ambos sabían que el romance tarde o temprano acabaría, y no se equivocaban.


[1] Jean de la Fontaine
[2] Batalla de Pavón, 17 de septiembre de 1861
[3] 1852
[4] 1859
[5] Sucesor de Urquiza
[6] Norteamericano confidente de Urquiza 

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