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martes, 3 de enero de 2012

Mis Pies (a modo de prólogo de "De Cómo Errar en Todo")

Estos son mis pies; de regreso a casa. Camino y pienso: la negra tiene esa facilidad, ese don de hacerme embarcarnos en proyectos gigantes. Ella dice que soy yo, que genero, y repite y repite, donde tiene oportunidad, que me la paso creando, como hace un par de medianoches atrás, plena entrevista, tanto me nombró que acabó por confundir a la conductora y antes de despedirse la llamó por mi nombre. Decí que somos la negra y yo, y que entre nosotras está todo claro; imaginate si la confusión se hubiese generado entre otras dos… los ojos hubieran llegado a sacarse por tremendo traspié. Viste que los artistas tienen un tema con el ego, pero es la negra, y soy yo; y no hay egos entre nosotras. No les digo que nos la pasamos peleando sobre quién incitó a quién. De afuera debe verse un tanto aburrido: ella que soy yo, yo que es ella. Y así.  El caso es que hoy, como tantas otras veces, sea de quien sea la autoría de la idea, heme aquí, mirándome los pies, preguntándome ¿y ahora cómo sigue? Porque la cosa viene en serio; cada vez que los mates pasan de una mano a la otra nos sucede lo mismo: una idea. Y no es cosa de que se diga y quede en suspenso; si hay ideas hay acción; eso es como si fuese una consigna implícita. Esos son mis pies, calle Chocón al mil doscientos. Cómo si hubiera tiempo que distraer con todo esto. Pero lo hay, o al menos de ello se convence.
                El Refugio queda unas seis o siete cuadras de casa, no sé exactamente, porque he ido millones de veces, pero siempre olvido contarlas. Salí pensando en esto de “la idea”; una especie de manual –Tipo collage, ¿entendés?, como cuando éramos chicas. Me acuerdo un año, tercero de secundaria, en que dije “no quiero más carpetas”. Por ese entonces la tipa, bien parada sobre el metro sesenta y dos, ¡divina! No me importaba nada, y si quería usar botas de goma en pleno verano, me las ponía. ¡Te imaginás mi mamá! “¿Cómo no vas a querer carpetas?” Colegio privado, de blazer. Yo obviamente, ¡ni blazer!, camisa de mi papá casi hasta la rodilla y punto. Estaba bueno porque no encajaba en ningún lado. “Ahora cuando llegue tu padre lo hablás con él.” Y llegó, cara verde de tanto trabajo. “Dejala que no use carpeta, dejala hacer lo que quiera. Basta con esto de ella siempre con su rebeldía en el centro de la atención.” Y ahí fuimos, a la librería donde todos los chicos se compraban los útiles para empezar el colegio. Mi hermana con su carpeta negra, aburridísima, su lapicera. Volvimos a casa y agarré ¿viste ese papel marrón? con el que el hombre del negocio había envuelto los útiles y los corté, pero así con la mano, nada de tijera”. –
                Y así vamos, de recolección de historias. Y con eso retumbándome en la cabeza camino hasta casa. Mis pies para un collage son una buena elección, o eso creo.  Pero sobre todo por sus pasos, porque de eso se trata esta historia, de lo que hemos recorrido hasta acá. No porque nuestras biografías sean algo interesante. Alguna vez Google “¿cómo hacer una síntesis biográfica de una persona poco interesante?”. Hoy estamos lejos  de aquellas horas en donde creíamos que no teníamos nada para contar; y por eso los pasos. ¿Alguna vez tuvieron esa sospecha de estar andando en círculos, de haber pasado ya por ese mismo lugar?, ¿o esa otra de mirar alrededor y no reconocer lo que los rodea, y darse cuenta de que están perdidos? Nosotras sí; quizás ese sea el motor de esta “idea”. –¡Pero con mapa y todo eh!- Sonreímos emocionadas, ansiosas, afanosas, contagiadas.
                Me miro los pies y me quedo pensando un segundo. ¡Con mapa y todo! Me pregunto si podremos guiar.
                -A veces siento que los artistas somos parte de una gran legión, como soldados dispersos por todos lados. ¿Sabés? En esos días de crisis, donde te la pasas  preguntándote si lo que hacés es bueno o no, si esta proliferación se estará tornando un tanto repetitiva; y dudo, supongo que habré de aburrir. Pero no. Quizás la idea una y otra vez, escondida entre los textos funcione como mensaje, como norte, como luz. Es como cuando alguien cita a otro alguien, le da más validez, porque entonces los leés o los escuchás y decís: “no es el capricho de uno solo”. Muchos soldados, repartidos por todos lados, dispersos; y está bueno, porque de esa manera se atacan todos los flancos. Y cuando los sentidos se te despiertan, los ves, están ahí, donde quiera que mires, y siempre estuvieron, sólo que antes la ceguera no dejaba que los encuentres. – la negra me mira y sonríe, porque me reconoce.
                ¡Con mapa y todo! Apostemos a que la verdad no puede disfrazarse por mucho más tiempo, y a que sigue siendo verdad aunque se la escriba en los márgenes; porque como dice Ismael, si no vemos más allá de nuestro propio horizonte, entonces… estaremos perdidos. 

1 comentario:

Horacio Beascochea dijo...

Dispersos o no, sentimos y escribimos el mundo con nuestra mirada.

Como prólogo, excelente, invita a seguir leyendo.

Beso grande