Translate

jueves, 6 de octubre de 2011

Espera

Llueve, o quizás no. El vidrio de la ventana es tan opaco que no me deja otra chance más que adivinar si sucede o si ya acabó. Quizás mi vida entera esté rodeada de esos vidrios. Qué oportuno sería que, en vez de insinuar pistas engañosas, fuese más contundente al contarme cómo llegó el mundo hoy hasta la puerta de mi casa. Creo que, a estas alturas, ya debería haberme acostumbrado a ese tipo de actitud. Él duerme justo debajo de ella. Los miro de reojo e imagino entre ellos un complot. Seguramente, mientras no estoy, tienen largas charlas en mi honor, en las que llegan a ese macabro acuerdo de no dejarme ver las cosas tal cual son. Y eso sucede simplemente porque tienen algo que ocultar.
A menudo juego a hacerme la distraída, tal vez porque haya sido la única manera que encontré de sentirme un poco a salvo. Y vos, sentado en algún sitio que aún no he aprendido a imaginar, demorando tanto.
Vuelvo la cabeza hacia ellos otra vez, y allí están, lado a lado; él ronca, como si realmente estuviese dormido; ella duerme de manera más silenciosa. Y sé que entre esos cómplices estoy de más; es por eso que ni bien salgo de la cama él cruza todo su cuerpo transversal a las sábanas, como gritándome que allí no tengo más lugar. Ella sonríe irónicamente y en silencio, como siempre; porque aún no ha tenido el valor de mirarme a la cara y decirme la verdad. Me observa, pero no ha podido ser transparente, y hasta me mezquina los rayos de sol cuando éste se digna a aparecer.
Es por eso que elijo quedarme en compañía de mi café, su taza y mi cigarrillo. Es por eso que madrugo de más y cedo a la tentación de escribirte. Sumida en letras la espera se hace un tanto más amena. Además, mi espalda ya no tiene sitio para tanta distracción.
Ojalá te apresures, aunque sea un poco. Ellos tienen un plan, siempre lo supe; y esto comienza a tornarse peligroso. Llegará el día en que abra los ojos y ella decida hacerme creer que aún no ha amanecido; ¡y él actúa tan bien!...
Y qué si despierto más cansada que otras veces y acabo por creerles. Caminaré, insomne, por el pequeño espacio de la casa, hasta que el reloj gire una vuelta completa sin que ella me lo deje ver. Entonces, quizás caiga rendida ante el sueño; y al abrir los ojos seguirá siendo de noche. Como si el tiempo no sucediese, sabré que nunca será el día en que te vea llegar. Terminaré estancada, esperando con la desgarradora certeza de estar esperando en un sitio donde no cabe espera. En momentos de desconfianza, probablemente me aferre al café, suplicándole que me mantenga despierta para que no se me vuelva a pasar el amanecer. Y cuando todo siga en su sitio, quieto, como ellos quieren convencerme, perderé la hasta la noción del espacio. Entonces tampoco sabré dónde estás.
Ojalá te apresures un poco. Todavía hay tiempo; todavía quedan fuerzas para ponerme de pie, abrir la puerta y asomar la nariz para saber que la lluvia ya sólo es huella, más allá de lo que ellos quieran hacerme pensar.
Ojalá te apresures un poco,  antes de que llegue el día en que la espera me convide a olvidarme que tengo que aprender a esperar.

1 comentario:

Jorge Galo Gómez dijo...

hola, escritora... cómo va???