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lunes, 31 de octubre de 2011

Días

Hay días, como el último miércoles, que llegan extraños, disfrazados de ira, acurrucados entre los brazos del miedo, sudando fríos o tiritando de calor. Días en que uno debiese tirar todo aquello que ha escrito, apelando a la esperanza de no dejar lectores testigos. Días para no leer, porque las historias levantan la sospecha de terminar todas en un idéntico destino, triste, repetido, aburrido. Días para no pensar, porque todo ha de volverse un círculo, o en el mejor de los casos un infinito espiral. Días para no hablar de amor, para no cometer el absurdo de creerlo exigencia, rutina o cita. Días para no hacer confesiones, porque tienen la virtud de transfromarlo en un completo desnudo. Días en que los versos se derraman aguerridos, pero escritos con un trazo débil que al día siguiente habrá de contradecirlos. Días en los que oponemos resistencia a resistirnos, pero que no nos alcanza para juntar el coraje y asumirnos rendidos. Días en donde las horas se pisan unas con otras y da lo mismo si son las seis, las cuatro o las nueve; de todas maneras sabemos que hubiera sido mejor que no llegase ese día. Días de culpas, de caprichos y de disculpas, que se mezclan con sueños, con ganas y con acertijos. Días donde los nervios ya ni tiemblan porque saben de antemano que lo hará nuestra voz. Días de bronca, de silencios, de suspiros.
Pero hay otros días, como hoy, que siguen siendo domingo pero aprenden a disimularlo. Días que pueden contra todo pronóstico y te aparecen el sol con el brío de ese antojo. Entonces caminás, por la calle que sea que andes, y sabés de esas ganas de contarme. Y esperás aunque no haya prometido llegada, y sonreís, porque es inevitable recordar mi mirada. Son esos días de mirarse ("soy yo") y reconocerse de toda la vida; "de habitarse, de quitarse el sueño", de caminar lado a lado "entrelazando las manos, entre autos y bocinazos, pensando en lo que vendrá". Días como hoy, en los que las ganas de dejar huella de una bella historia pueden más que los consejos y decidís hablar en voz alta de esos días. O escribirlos, para que nada los borre cuando después del sueño todo vuelva a la normalidad. 

1 comentario:

Jorge n dijo...

Muy bueno, hay días que son pesadillas, y pesadillas que duran un día. Creo que todas esas cosas que mueven las entrañas son buena excusa para escribir. Saludetes

jn