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viernes, 8 de julio de 2011

Pequeño Fragmento del Primer Capítulo de "La Causa"

           El chaparrón parecía haberse encrudecido desde que estaba ahí sentado, como si intentase persuadirlo de no partir. Tremenda tempestad y tan poco dinero encima; el motivo de la travesía debía valer verdaderamente la pena para arriesgarse a ir. Y lo valía. Eso, y mucho más también. El viento no lo sabía, y tal vez por eso se unió a la fuerza del agua, que caía cada vez con mayor ferocidad desde el cielo. Pero nada de eso lo distraería.  
        
           Cinco menos cuarto al arribo del tren a la estación. Tomó su maletín, protegiéndolo debajo del saco mientras abrochaba sólo un botón, y por fuera el sombrero en la mano; el viento lo volaría si lo llevaba puesto.

            El vagón que eligió para sentarse estaba tan vacío como cada uno de los demás. La ausencia de otro pasajero decidió al maquinista a permanecer pocos segundos en el andén antes de acelerar nuevamente el motor.

            Quedaban alrededor de dos horas y media hasta el próximo destino. Tomás recorrió los vagones para asegurarse la falta de compañía, y, al comprobarlo se permitió dormir al menos hasta la próxima parada. El viaje era largo, y una vez que otras gentes subiesen ya no podría descansar; debía velar por la seguridad de aquellos papeles que tan celosamente tenía al resguardo tras el cuero y las hebillas de lo que portaba como único equipaje.
           
         El ritmo del ferrocarril sobre las vías en combinación con la armonía incesante del aguacero, acunaron sus sueños hasta la siguiente detención.














1 comentario:

Horacio dijo...

Promete... quiero leer más. Es bueno saber que abriste un blog.

Beso