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domingo, 10 de julio de 2011

Fragmento Primer Capítulo de "Epifanía"

Lo cierto es que estábamos más preparados que nunca; que el tiempo allí dentro nos había sembrado motivos para salir. Ese umbral, que me esperaba unos pasos más adelante, sabía de cómo nace la sed de venganza, y era por ello que bañaba los cadáveres, que por debajo suyo cruzaban, con el poderoso perfume del alumbramiento. Ese vientre era el mismísimo canal de la resurrección. Y allí, aún sentada sobre el asombro de las demás indiferencias, veía a los otros restregarse los ojos con una fuerza que les restauraba la existencia. Esta prórroga que las ansias ajenas me concedieron me llenó la cabeza de conjeturas. Ellos deberían estar tan hambrientos de revancha como yo; imposible me era considerar que una simple ilusión les borrara el odio de una bofetada y tentara su desconsuelo con un simple papel protagónico en una obra que, tarde o temprano, llegaría a su fin.

Entonces decidí ser inteligente, como,  sabía, los demás estaban siendo. Llegar a la pequeña puerta y arremeter contra el guardia no tenía sentido, sobre todo porque, llegado mi turno, ya no quedarían testigos dentro de la habitación, y les sería más sencillo cerrarme la voz de un portazo. El miedo de volverme a ver encerrada, y esta vez sumida en mi sola compañía, me levantó de golpe de mi lugar de espera y me movió los pies sin titubear hasta el umbral de mi próxima libertad. Miré de reojo al guardia que estuvo a punto de convertirse en víctima de mi castigo. Tenía los rasgos duros, endurecidos de revertir subversiones. Supe, bajo la agudeza de sus pupilas, que salir de allí había sido la mejor decisión. 

1 comentario:

Rodolfo Serrano dijo...

No sé si es sólo un capítulo, pero como relato está genial