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jueves, 28 de julio de 2011

Los invito a leer

Poesía con Mayúscula

sábado, 23 de julio de 2011

De Regreso

El camino de esta última semana me ha regalado cosas increíbles. Personas, personajes, tesoros en cada ciudad.  Sueños acobijados bajo distintos climas, soportando vientos que amenazan con volarlo todo; gritos más allá del frío y su promesa de congelar las voces.
Quiero dejarles dos imágenes encontradas en dos calles de la misma ciudad paradójicamente; un homenaje y una vergüenza.



martes, 12 de julio de 2011

Algunas Devoluciones

 

Puede que tu libro me guste o no, que esté bien escrito, que transmita vivencias, en fin todo aquello que pueda transmitirse a través de este formato "inmortal", pero quiero destacar tu actitud, de escritora, productora y vendedora, que le confiere un valor agregado muy importante a tu obra.
Me permito sugerirte, en caso que no la conozcas www.leedor.com, un sitio muy interesante.
Muchísima suerte para sumarla al talento !


UN ABRAZO, EDUARDO

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Hace unos días divagaba sobre lo que el arte significa para mi, pues no creo que exista algo que verdaderamente sea en si mismo. Es cada uno quien le otorga sentido a las cosas, desde luego que condicionado por lo que se nos trasmite al crecer. Si lo conceptos fueran uniformes, si representaran un solo significado, todo seria tan horriblemente ordenado que aburriría en unos y ceros. Pero volviendo al arte, comienzo a creer que es eso que alguien hace motivado vaya a saber por que cuestión de su propia vida y que logra transmitirnos sensaciones, que afecta nuestros sentidos. En ese punto es en  el que la persona que hace arte se une con quien recibe esa obra, sea cual fuera el modo de expresión que el arte encuentre. La sensibilidad que ha movido al artista a realizar la obra quizás no sea la misma que le llegue al receptor, que lejos de ser un interprete, siempre quedara impregnado de esa fuerza inicial, los sentires. Y uno podrá sentir mas fuerte o mas débil, sonriente o triste(mente), pero ya no se sentirá tan solo entre tantos seres.

La lectura me llevo de paseo por un mundo paralelo, en el cual pude imaginar los colores de cada momento. Algunas frases quedaron picando en mi, como agujas de reloj con su tic y su tac. 

Aquí cito algunas:


maquina de contar momentos

el estruendo del decir es quien calla los silencios

El deseo de vivir alguna cosa diferente que desafine con la repetición de la rutina de los días lleva a gente desconocida a entablar conversaciones que acaban y terminan en los casuales encuentros y que, a decir al menos de mi boca, casi nunca nadie, después de la última palabra dicha, recuerda. Será porque muchos utilizamos al desconocido interlocutor como una especie de confesionario y, tras la impunidad que hace sentir que el otro no sepa ni quién ni de qué se está hablando, nos animamos a decir cosas que sólo son dignas de olvidar.

 Espero que no olvidemos tan fácilmente ciertas cosas.

Gracias por compartir! Mis ojos como cebollas de tanta pantalla añoran libros de carne y hueso.

Juan Pablo

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Hola ALEJANDRA, yo el mes pasado te compre un libro fines y principios yo estoy en el hotel ideal, me gusto, cuando puedas,pasa quiero comprarte el otro,

Pablo

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Bien, te escribo ya que me comprometi a hacerlo y porque quiero contarte que no pude terminar de leer tu libro por temas de tiempo.
  Con relacion al escrito, pienso que es excelente, hasta donde llegue. Utilizas muy bien las palabras y la redaccion de los "capitulos" es clara. ademas, lo que mas me gusta es la forma de detallar las cosas (lugares, personas, Clima, etc.) pienso que eso es una parte fundamental a la hora de lograr que el lector se sienta dentro de la obra, ya que incorpora conocimiento de cada aspecto que rodea al protagonista, ya sea principal o secundario.

La unica contra que encontre es que lo senti un poco complicado a la hora de lograr encajar las historias. Vos pensaras que me contradigo ya que antes mensione que la redaccion de los capitulos es clara. El punto es que los capitulos en forma INDIVIDUAL son claros... pero se torna confuso a la hora de hacerlos complementarse. 

Posibles Razones: 

1- quizas si hubiese terminado el libro las cosas me cerrarian mejor. 
2- Es la primera ves que leo un escrito de este indole, quizas indole no sea la palabra apropiada, pero vos me entendes, me refiero a que jamas habia leido un relato que tenga varias historias intercaladas, puede que en la segunda lectura que voy a hacer logre acomodar ideas.
3- Quizas sea tu intencion que libro tenga esa complejidad, la cual logro superarme... jajaj

No soy la persona adecuda para decir esto, pero pienso que tenes un futuro Barbaro!! y me gustaria que me tengas en cuenta como lector para alguna obra a futuro... 

PD: ja, poco atento de mi parte no haberme presentado: Me llamo Gonzalo tengo 20 años y compre tu libro en el local de Calzados 10 Puntos de la calle Roca, quizas me recuerdes tal vez no, pero no tiene importancia... 

Espero que estes bien y muchos exitos... saludos.-

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Micaela Geronimo19 de febrero de 2011 a las 20:08
hola alejandra ayer te compre el libro... te busque en el face para decirte que te felicito... lo empece a leer y me encanta como escribis... beso mica!!!!

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...leí tu libro Alejandra, cómo estás? Me gustó y me llevó poco tiempo porque engancha mucho. Si aceptaras mi interés en forma de pregunta me dirías cómo es la neuralgia de tu percepción de la locura, el amor y la muerte? me gustaría saber cómo los ves además. Valió la pena, me pareció bueno., te dejo hasta pronto. Raúl

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Hola, espero haber escrito bien tu correo...
Leì tu libro, me gustò mucho, fue como ...armar un cubo màgico,(El primero que logro armar en mi vida).
Dejè de lado a "Mila 18", de Leòn Uris, que estaba leyendo y me internè en las cautivadoras pàginas de "Fines y principios".
Cuando quieras podemos juntarnos a charlar sobre los libros.
Nos vemos
Jorge

domingo, 10 de julio de 2011

Fragmento Primer Capítulo de "Epifanía"

Lo cierto es que estábamos más preparados que nunca; que el tiempo allí dentro nos había sembrado motivos para salir. Ese umbral, que me esperaba unos pasos más adelante, sabía de cómo nace la sed de venganza, y era por ello que bañaba los cadáveres, que por debajo suyo cruzaban, con el poderoso perfume del alumbramiento. Ese vientre era el mismísimo canal de la resurrección. Y allí, aún sentada sobre el asombro de las demás indiferencias, veía a los otros restregarse los ojos con una fuerza que les restauraba la existencia. Esta prórroga que las ansias ajenas me concedieron me llenó la cabeza de conjeturas. Ellos deberían estar tan hambrientos de revancha como yo; imposible me era considerar que una simple ilusión les borrara el odio de una bofetada y tentara su desconsuelo con un simple papel protagónico en una obra que, tarde o temprano, llegaría a su fin.

Entonces decidí ser inteligente, como,  sabía, los demás estaban siendo. Llegar a la pequeña puerta y arremeter contra el guardia no tenía sentido, sobre todo porque, llegado mi turno, ya no quedarían testigos dentro de la habitación, y les sería más sencillo cerrarme la voz de un portazo. El miedo de volverme a ver encerrada, y esta vez sumida en mi sola compañía, me levantó de golpe de mi lugar de espera y me movió los pies sin titubear hasta el umbral de mi próxima libertad. Miré de reojo al guardia que estuvo a punto de convertirse en víctima de mi castigo. Tenía los rasgos duros, endurecidos de revertir subversiones. Supe, bajo la agudeza de sus pupilas, que salir de allí había sido la mejor decisión. 

viernes, 8 de julio de 2011

Pequeño Fragmento del Primer Capítulo de "La Causa"

           El chaparrón parecía haberse encrudecido desde que estaba ahí sentado, como si intentase persuadirlo de no partir. Tremenda tempestad y tan poco dinero encima; el motivo de la travesía debía valer verdaderamente la pena para arriesgarse a ir. Y lo valía. Eso, y mucho más también. El viento no lo sabía, y tal vez por eso se unió a la fuerza del agua, que caía cada vez con mayor ferocidad desde el cielo. Pero nada de eso lo distraería.  
        
           Cinco menos cuarto al arribo del tren a la estación. Tomó su maletín, protegiéndolo debajo del saco mientras abrochaba sólo un botón, y por fuera el sombrero en la mano; el viento lo volaría si lo llevaba puesto.

            El vagón que eligió para sentarse estaba tan vacío como cada uno de los demás. La ausencia de otro pasajero decidió al maquinista a permanecer pocos segundos en el andén antes de acelerar nuevamente el motor.

            Quedaban alrededor de dos horas y media hasta el próximo destino. Tomás recorrió los vagones para asegurarse la falta de compañía, y, al comprobarlo se permitió dormir al menos hasta la próxima parada. El viaje era largo, y una vez que otras gentes subiesen ya no podría descansar; debía velar por la seguridad de aquellos papeles que tan celosamente tenía al resguardo tras el cuero y las hebillas de lo que portaba como único equipaje.
           
         El ritmo del ferrocarril sobre las vías en combinación con la armonía incesante del aguacero, acunaron sus sueños hasta la siguiente detención.














miércoles, 6 de julio de 2011

Los inicios de Letras Ambulantes- Entrevista para Después del Mediodía

Capítulo VI de "Martes Penitentes"

VI

S
u voz la tranquilizó. Era él. No había olvidado regresar a casa. Era él. Había superado ese maldito encuentro, este endiablado martes. La había vuelto a escoger. Julia sabía del riesgo, pero ¡con qué moral habría de suplicar no exponerla semana tras semana!

            Escuchó el mensaje en el contestador más de una vez, quizás dos, quizás tres. Necesitaba convencerse de que no era parte de ese mismo sueño cobarde que la había dejado tirada en el sillón, al resguardo de cualquier mala noticia. Por fin, decidió aceptar la invitación. Subió corriendo las escaleras por los mismos peldaños que bajó acompañada de la vergüenza la mañana en que su pasión perdió la voz. Entró al baño, abrió la ducha y entre el vapor, que desdibujaba su imagen reflejada en el espejo, se permitió engañar su desconsuelo.

            Enjabonó sus brazos, para lavar los pecados del último domingo. Refregó su piel para quitar el deseo que aquella mujer tatuaba al trazo de sus huellas digitales. Se maldijo entre la espuma del champú por tener más secretos que enterrar de los que habían acusado alguna silenciosa disculpa. Pero por más que se jurara sellar las sombras sabía que volvería a mentir. Y otra vez, otro martes, otro miedo al desayuno, otra tarde de espera entre dedos cruzados y promesas de última vez, hasta el próximo suspiro de impunidad el próximo miércoles por la madrugada, cuando él volviese, decidido a seguir sin ver.

            La realidad es que ella ya no temía, o al menos no tanto como el primer martes en que él le contó que habría de salir a buscarla. La realidad es que el miedo se disipaba cada vez que él regresaba de ese absurdo encuentro, y que ya le costaba renovarse en cada amenaza de huida, un poco más. Los lunes eran cada vez más ridículos, y ella lo sabía. Pero la insensatez de esa terca decisión mentirosa de Francisco de encontrarse con ella, se  mezclaba con el dejo de sabor que los besos de Irma habían impregnado en los labios de Julia la tarde anterior. Tal vez era que el paladar no llegaba a teñirse de la culpa necesaria para hacerla abandonar su repetida traición, porque contaban con la bendición del templo, cómplice de sus dominicales excusas de encuentros. Recordó temerosamente, envuelta en el toallón, el primer instante de pánico al verlo sentado allí, en el sillón, mientras ella acomodaba su blusa y su compañera de infiernos se desvanecía tras la disculpa. Recordó el silencio y sus ecos amenazando un final que la dejaría vacía de principios, no sólo por la falta de coraje para enfrentarse con el destino, no sólo por lo embarazoso de mirarlo a los ojos después de haberlo burlado, sino por la declaración de cobardía que significaba haber empeñado el tiempo de vida en una muerte que acababa de morir. Esa mañana la corbata, desde lo alto de la habitación, le contaba sobre la quietud a la que su antigua falta de brío y su nueva ausencia de ímpetu, estaban por atarla. Mientras Francisco subía las escaleras se imaginó quieta, fría, estancada. Y es que pasamos la vida entera preguntándonos qué hay más allá de la vida, pero jamás esbozamos una hipótesis sobre qué debería haber antes  de la muerte. Recordó que la intriga se le volvió carne a la luz de la indiferencia con que Francisco volvió esa noche. Quiso preguntarle si esa humedad en la mirada eran los restos de las mismas lágrimas que le  brotaban a ella de los ojos en ratos en que el mundo la olvidaba; pero es que ella aún no descifraba si las llenaba el nacimiento o estaban vacías luego de regar el entierro. Recordó que esa misma tarde él traía la corbata en la mano, que ella tembló ante la idea de que fuese el mismo olvido delator, el arma de la venganza. Pero él entró a la casa, esa tarde, como tantas otras, con una sonrisa cansada dibujada entre la comisura de los labios que susurraba la alegría de volver. Parecía amnésico, a pesar de que la ironía apretujaba cada vez más fuerte la corbata, presa de su puño. Con ese mismo sarcasmo la amó apasionadamente esa noche. Julia buscó chispas de burla airada cada vez que él pronunciaba el nombre de Irma, pero nunca podía acusar esos comentarios de furia. Pronto supo que lo que su marido había velado y enterrado era el recuerdo de aquella tarde; y que esa muerte había sido tan violenta, sorpresiva y repentina, que ni siquiera tuvo que vestir de luto.

            Salió aun mojada del baño, dejando huellas de agua hasta la habitación, y comenzó a  vestirse. Mientras elegía entre blusas pecaminosas, vestidos aliados en la infidelidad, recordó la primera vez que un día martes osó escribir su nombre con mayúscula, con una tipografía tan sobresaliente, que terminó por escaparse del calendario. Desde esa vez las hojas del almanaque parecían converger en una especie de agujero negro que se repetía semana tras semana. Desde esa  vez los lunes habían aprendido a temblar, y los miércoles reafirmaban, una y otra vez,  su voto de vida o su sentencia de muerte. Desde esa vez en que la pesadilla desertó el prolijo plan del olvido de Francisco, la memoria se llenó de dudas. 

viernes, 1 de julio de 2011

En Bahía Blanca

Capítulo III de "Fines y Principio"

III

    C
omo todas las noches, Elías hacía la recorrida habitual por los enormes y sombríos pasillos que custodiaba. “¡Qué inútil!”- pensaba- “Nunca nadie ha podido escapar, y nunca nadie podrá hacerlo. Si ya estas pobres sombras han perdido hasta la memoria de sus antiguos reflejos. De qué les serviría escapar, si ya no tienen lugar donde refugiarse; y si milagrosamente lo encontrasen… creo que les sería imposible admitir el tiempo perdido”- pensaba en cada paso que daba por aquellos corredores. Y pensar en lo ficticia que sería una huida lo hacía sentirse absurdo. Era completamente inútil su función allí. Y si era inútil su función, era estúpida su presencia en aquel lugar. Pero cuánto tiempo había pasado allí realmente. Por un momento intentó recordarlo.

             A diario recorría cada recoveco de la prisión; dos veces al día para ser exactos. Con el primer rayo de sol, contaba cada uno de los cautivos, en el afán de corroborar que ninguna vigilia nocturna hubiese logrado liberarlos; y con el primer destello de la luna, se aseguraba su letargo. Nunca nada dejaba de estar en el lugar que podía imaginarse antes de su paso; realmente lo único que pasaba por allí era el transcurso del tiempo.

Conocía de memoria cada centímetro del recinto; podía dibujarlo cual una máquina fotográfica. Largos pasillos, oscuros, apagados, brumosos, lánguidos, rodeados de angostas portezuelas. Cada una de ellas conducía a un tenebroso calabozo. Podía olerse desde afuera lo rancio de las trasnochadas desilusiones que en ellos se albergaban. Las paredes mohosas confinaban desesperaciones a la frustración de saberse desesperadas. Los innumerables corredores convergían en una galería principal, acaso más lúgubre que los propios calabozos. En el centro de la misma, sobre un envejecido escritorio, tapada de polvo y papeles, se dejaba ver una computadora, en cuya memoria se almacenaban extensos archivos que testimoniaban las huellas de pretéritas voluntades.  Elías nunca tuvo acceso a esos archivos, pero conocía mejor que nadie a cada una de las disuadidas almas que habitaban la prisión. No porque hubiese conversado con ellas, ya que el desgano que las invadía les impedía hablar. Pero el correr del tiempo dentro de esas paredes le había enseñado a leer los extensos silencios que albergaban.

Por un momento intentó recordar cuánto tiempo había pasado desde que él mismo llegó allí. El pensamiento derivó en una interminable serie de imágenes, una idéntica a la otra pero distintas entre sí. Como en un sin fin de espejos, donde los reflejos de los reflejos se confunden de manera tal que logran robar identidad a la imagen que logró desencadenar la sucesión de espejismos. La confusión que esta realidad clonada logró, lo hizo olvidar por un momento si era él quien pensaba los recuerdos o los recuerdos los que piadosamente estaban evocando su existencia. Se restregó los ojos y logró así salir del caos en que ese pensar lo había sumido. Y volvió a intentar recordar cuándo fue que llegó allí. En ese instante se dio cuenta de que, no sólo no podía recordar cuánto tiempo había pasado en ese sitio, sino que también le era imposible recordar cómo había llegado a ese lugar. Entonces, un frío le recorrió el cuerpo, y como si la sangre se le espesase, pudo adivinar su curso por cada rincón. Las bocanadas de aire comenzaron a espaciarse al punto de hacer de las pausas de la respiración un ahogo, que más que amenazar de muerte, traía oleadas de lucidez. -“Ojala la monotonía de estos confines hubiese logrado abolir esta llama de claridad”- pensó, y se sentó sin titubear frente al monitor de la máquina.













"Letras Ambulantes" Fundamentación

Letras ambulantes es un movimiento artístico-cultural cuyo fin es difundir, publicar, financiar, producir, etc, las obras de sus integrantes. Surge como contestación al desamparo al que se enfrenta un artista al momento de editar su material. Es una forma de oponerse a la falta de oportunidad. Es por eso que nacemos como movimiento antagonista a esto de la Institucionalización de la cultura. Es un movimiento absolutamente independiente que no recibe ningún tipo de subsidio, ni aporte económico de Nación u otras entidades; no se asocia ni afilia a ningún otro tipo de organización o institución (SADE, AMI, etc.).
Consideramos transcendentes a las obras, no a los artistas, porque es allí donde está la idea. No trabajamos desde el anonimato porque el nombre es la contextualización del concepto (el autor es eso); y porque determina la asunción de la responsabilidad de lo que se transmite.
Cada integrante tiene como fin común un objetivo social, desde el punto de vista que la obra resignifica al otro. Ser parte de Letras Ambulantes es un compromiso para con quien recibe nuestras obras. Es pertenecer a un grupo cuyo fundamento es romper con las estructuras que hacen inaccesibles las posibilidades y los sueños. Nuestra convicción es que se puede. Letras Ambulantes es un espacio de creación y producción para aquellos que buscan transmitir ideales. Pretendemos transmitir desde el hecho.
El grupo de Letras Ambulantes aspira a escritores que tengan la idea y certeza de producir a partir de ser consecuentes consigo mismos.
Somos ejecutores de ideas. Esto implica que cada artista sea el único creador, promotor, editor, productor de su obra; en definitiva que el autor tenga el total control de la obra, desde principio a fin, sin intermediarios.
La forma de comunicar es en la calle, en las ciudades, a partir de las necesidades de cada integrante de transmitir el ejercicio del pensar. Es un propósito que pretende hacer llegar las obras a quienes nos interesan: las personas, la gente; es una invitación a dudar de lo impuesto.

Lo que he dicho de "Letras Ambulantes"


En noviembre del año pasado pagué casi una fortuna por la edición de mi primer novela ("Fines y Principio"), y dos meses después de tenerlos en mis mano, dormían frustrados debajo de mi cama. Y eso estaba mal; muy mal. Porque mientras uno sueña, por más que las cosas se sientan inalcanzables dentro de esa ilusión, se mantienen vírgenes; pero haber hecho tangible la publicación y que los setenta y cinco ejemplares que quedaron después de que mis amigos y familia apostaran por mí sólo se llenaran de polvo, amenazaba de muerte. 
Sucede que a veces el coraje aparece y llegó a visitarme un seis de enero. Casualmente había ido a una feria tipo trueque que se hay en donde vivo, con la intención de instalarme allí a vender mis conservas y dulces, que era lo que hasta ese momento sustentaba mi economía familiar. En este país la pobreza está burocratizada, y hay que pedir permiso a la municipalidad  hasta para pedir limosna; imaginate que para vender allí mis productos también debía cumplir con una serie de trámites incómodos y obsoletos, pero obligatorios al fin. Y así fue como agarré mis frascos y a mi hijo y nos fuimos a desayunar para ahogar las penas en un bar a unas cuadras de allí. Entre medialuna y café con leche  pasó un conocido. En una charla coloquial me preguntó, de cortesía, qué estaba haciendo, y al enterarse que había publicado un libro... me lo compró. Aún hoy no sé bien cuál fue la conexión entre ese suceso y lo que vino después; lo cierto es que fue suficiente para que crea que podía venderlos, que habría gente ahí afuera que quizás quisiera comprármelos, y empecé a caminar, acompañada de Fidel (mi hijo menor), por las calles del centro. Ese día vendí seis libros. Y al día siguiente volví a salir; y a la semana comencé a viajar a ciudades aledañas (entre 10 y 100 kilómetros). Hoy llevo publicados tres títulos y más de mil ejemplares vendidos (entre los tres). 
Formo parte de una idea (porque así nos gusta más que "grupo") compuesto por otros dos escritores más y dos músicos; casualmente trovadores. Este "movimiento cultural" (como preferimos clasificarlo) se llama "Letras Ambulantes" cuyo fin es difundir, publicar, financiar, producir, etc, las obras de sus integrantes. Surgió como contestación al desamparo al que nos enfrentamos como artistas al momento de editar nuestro material. Es una forma de oponernos a la falta de oportunidad. Es por eso que nacimos como movimiento antagonista a esto de la Institucionalización de la cultura. Es un movimiento absolutamente independiente que no recibe ningún tipo de subsidio, ni aporte económico de Nación u otras entidades.  Nuestra convicción es que se puede. Pretendemos ser una especie de invitación a dudar de lo impuesto. 

Pequeña Síntesis Biográfica

Alejandra Rey nació el 03 de Septiembre de 1980 en la ciudad de Buenos Aires. Radicada en Neuquén desde los ocho años. Estudiante de Derecho y Letras.
Luego de una prolífera producción literaria de ensayo, desarrollada a lo largo de varios años, publicó en Noviembre de 2010 su primera novela “Fines y Principio”. Su segundo trabajo sale a la luz en Marzo de 2011 con el nombre de “Martes Penitentes”.
Participó de la “Primeria Feria Patagónica de Escritores”.  De dicha feria surgió la agrupación “Letras Ambulantes”, compuesta por escritores locales, con el fin de difundir y promover trabajos independientes.
En Febrero de 2011 funda la editorial independiente “Letras Ambulantes Producciones”.