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sábado, 24 de diciembre de 2011

Sinsentido

¿Tuviste alguna vez esos días de no saber qué, por qué ni para qué; de mirar alrededor y no encontrarte, simplemente porque no hay sitio donde buscar?   De chica solía pensar que todo esto era una magistral obra de teatro, montada sobre un pésimo gusto a la hora de elegir el decorado, y que alguien jugaba con nosotros a Dios. Sucedía, sobre todo, mientras observaba la gente transitar desde el asiento trasero del Dodge amarillo huevo de mi papá. Allá las gentes, caminando, llevando y trayendo una historia que, a través de la ventanilla, simulaba ser de utilería. Una señora con la bolsa de las compras, chicos jugando a la escondida y corriendo, una elegante señor detrás de un maletín; todos caminando en distintas direcciones para encontrarse, al fin, en un mismo sitio. Luego, mi abuela en casa, amasando unos exquisitos ñoquis;  a la mesa a comer, y los escuchaba hablar, casi siempre de las mismas cosas. De entrada todo este circo me parecía aburrido y sin sentido. Abrir los ojos a las cuatro, a las cinco, a las seis (hay alguna desfortunas más afortunadas que otras), para enfrentar un transcurrir repetido una y otra vez por días, meses, años; como amanecer para ver llegar el instante en que uno debe irse a dormir – ¿Cómo te fue en el colegio? ¿Hiciste la tarea? ¡La Sabrina se casa! Y la Olga está esperando un bebé. Al que le va bien es al Jorge, lo ascendieron en el trabajo, ¿te enteraste?, y recién hace unos meses que está. En enero, si todo sale bien nos vamos a San Bernardo, nos merecemos un descanso después de tanto trajín. ¡Aumentó la papa gorda! ¿A dónde va a ir a para este país? Hoy, tranquilito, termino de cortar el pasto para que tu madre no rezongue, cervecita y a ver el partido. ¡Esta nena está cada día más linda!, vas a tener que salir con una escopeta cuando crezca. ¿Cuándo seas grande qué querés ser? La Priscilla el domingo toma la comunión; si la vieras ¡tan bonita en su vestido! Y el Marcelo… está a punto de recibirse de abogado; a ese sí que no le va a faltar nada; siempre es bueno tener un abogado en la familia. ¡Vamos a la cama piruja, que ya es tarde, y mañana nos espera un día largo, hay que madrugar!-
            Mi habitación estaba en el  primer piso y la ventana daba a la calle. Pijama, a lavarse los dientes y a dormir. Yo esperaba que todas las luces de la casa se apagasen, oía a mis papás decirse “buenas noches”, contaba hasta treinta y me cruzaba al otro lado de la habitación, sin hacer demasiado ruido, me sentaba en el piso con la espalda sobre la pared, hacía un huequito con el dedo, separando la cortina de los cristales, y desde allí, nuca pegada a la espalda, miraba las estrellas. El mundo no podía tratarse de esto, nada más que de esto. Suspiraba.
            Algunas noches la imaginación se disparaba, y entonces viajaba a sitios desconocidos. Pero no duraban demasiado esas odiseas; debía volver pronto a la cama, porque generalmente el cansancio era mucho, y mis pequeños años aún no habían aprendido a trasnochar demasiado. No quería que me descubriesen allí, sentada mirando al cielo, lanzando preguntas a la oscuridad, contándole a algún personaje imaginario que no veía sentido en llenar mis días con días como los de mi mamá. De modo que los escapes acababan pronto, y otra vez a la cama, a esperar que un rato más tarde el olor a café con leche se asomara por la puerta, acompañando la voz de ella que me invitaba a levantarme.  Fue durante esas mismas sesiones de sueños despierta en que descubrí que Papá Noel se parecía bastante a mi mamá, que los Reyes Magos usaban la misma bata y las mismas pantuflas que papá, y que el Ratón Pérez era tan antisocial que prefería dejarme sin mi moneda y perderse mi diente antes de tener que mirarme y saludar. Se imaginan después de eso, todo parecía peor aún, las ilusiones se me deshacían entre los dedos; aquí no había lugar ni para la magia ni para sus encantos. Dormir se presentaba, entonces,  cada vez más vital y necesario.
            Quizás fue por ello. A medida que el tiempo pasaba  las sospechas se hicieron certezas, y los regalos y las monedas ya no tenían atrás ningún misterio. Crecer y sus obligaciones, y sus tiempos, y sus rutinas            , y sus días de rituales ficticios, absurdos, ignorantes, como si de ellos dependiese el hecho de estar vivos. La escuela, los títulos, la secundaria, la familia, la universidad, el trabajo y los salarios; los aumentos y la inflación, los políticos y las campañas, los fines de semana que te arraigan esa idea de que disfrutar es para el tiempo libre, los asados, las ideas, las peleas y su reconciliación; las camas, las sábanas y sobre ellas mi almohada; las fronteras, los países, las banderas, las guerras y la puta civilización; los mates a la mañana, las roscas de pascua y el maldito pan dulce que jamás me gustó; las plazas, y los niños que juegan al mañana, pero no a cualquiera, no les permitirían jamás ensayar nada distinto a lo que ellos creyeron futuro y vieron escapar; los autos y las bocinas que nunca se callan, la gente y sus murmullos, asidos como idiotas a una estúpida fe, que rezan porque el paraíso los encuentre dormidos, así la muerte duele un poco menos, lavándose pecados en aguas hediondas, o sin ella;  y sus iglesias, cargándonos en la espalda  la culpa y el consecuente castigo; el juicio y el perdón; la ira, la furia, la tristeza en los pies de cada uno que camina; los proyectos que nos convencen de que vivir sucederá mañana y  que hay que tener las valijas preparadas, prolijamente ordenadas; las manos vacías hoy, las sesiones de terapia, gente curando a gente sin saber que quizás estén igualmente enfermos; una heladera llena de imanes y los estantes cargados de libros que tal vez ni recordemos haber leído; un barullo de fondo, se haga lo que se haga, y una estúpida máquina, soldada sobre la muñeca hasta los huesos, que gira y gira y nos cuenta que mientras estamos, algo allí afuera sucede, que hay que correr a buscarlo, aunque no tengamos la más mínima idea de qué nos está hablando; y la debilidad de creerle y salir corriendo, y sus agujas que se clavan como puñales pues nunca llegamos antes que él, que se nos ríe en la cara y nos desafía una y otra vez, y nos deja sobre la piel las arrugas, como testimonio de haber dado digna batalla, insuficiente, pero digna, ¡vaya consuelo!; y los que encuentran en eso la oportunidad, y te venden un espejo sin vejez, y unas cuantas cremas que te arruinan el bolsillo, y unos cuerpos delgados y esbeltos que también querrás tener, y los dedos de tu hija más grande que buscan dentro de su garganta la belleza, intentando vomitar lo que les sobra, mientras unos cuantos engordan sus bolsillos con esos restos; y los elíxires que te pierden, te ciegan, te envuelven, mientras los días se embriagan de un siempre lo mismo, estás donde estés; el aburrimiento que nos corre y el sexo que está de oferta. Creo que me equivoqué. Esto no es ninguna obra de teatro. Es un circo, de esos extraños donde los payasos se abofetean y a los aplausos los hace reír. Y la función pareciera un éxito hasta que el que está en la butaca de al lado tuyo te mira y descubre que también sos parte del show, y hasta se atreve a reírse de tu actuación, o lo que es peor, te abuchea. Como efecto dominó, todos los demás giran sus ojos hasta donde estás sentado y te ven, tan o más tragicómico que los malabaristas allí abajo, sobre la arena, y se disponen a aplaudir también. Y, quizás movidos por la convulsión de las carcajadas, empiezan a moverse, esquizofrénicamente, sobre sus butacas y se encuentran, se miran unos a otros y descubren que también son parte de un cuadro que otros ojos, ajenos y gigantes, miran, abuchean o aplauden desde algún lugar de más allá.
            Lo saben, aunque algunos anden risueños como si lo hubiesen olvidado; lo saben. Por eso andan así, como apesadumbrados, rendidos a que sus vidas no son más que parte del capricho de otro, que tampoco tienen certeza que exista.
            -¿Cuál es el sentido de las cosas?- Me mira con ojitos tiernos, y a mí que no me alcanzan las vocales para sostenerlo. Pienso. Quizás debiera decirle la verdad. Pero con qué derecho habría de asesinarlo. Inspiro y trago los fracasos, uno por uno antes de comenzar a hablar. Mentir no es bueno, nunca me ha gustado. Entonces recuerdo por un segundo mi profesión, esa que quizás también sea parte de esta gran mentira que a diario se nos planta como real. Él está allí, expectante, ansioso por conocer mi respuesta. Me tiemblan las manos, pero pongo todo el esfuerzo en escribir prolijo.  Mis dedos comienzan a moverse con la libertad de saber que no habrá reglas para su trazo, que podrán hacerlo hasta en diagonal, si quisiesen. Y los renglones se tiñen de instantes sin tiempo. El saber esas páginas infinitas me acelera el corazón y a su latido las palabras se acomodan, solas, una detrás de la otra, en una extraña combinación, y las oraciones se abren camino y vuelan multiplicando el espacio que ocupan. La tinta transpira nuevos sitios,  y se apropia de la imaginación, se funde y se abraza con ella. Entonces lo miro a los ojos y le cuento, que quizás ese otro mundo es posible, ese que imaginamos; allí mis manos como caso testigo de que se puede crear. Se mira las suyas y sonríe, acaricia mis hojas, y entonces esa sonrisa crece más, porque  a medida que lee, su piel se confunde con el papel y los poros se le tatúan de  las huellas digitales de cada personaje. Y la apuesta es mayor aún, porque descubre que puede hacer con ellos lo que quiere.  Entonces elige el protagónico, le calza sus zapatos y lo saca a caminar. Allá andará, vagando por algún recoveco de la ciudad, agregándole anécdotas, completando sus espacios vacíos, y hasta, por qué no, cambiándole el final. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Oda a la crítica (Pablo Neruda)

Yo escribí cinco versos: uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relámpago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres, las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron
paredes, pisos, sueños,
En una línea de mi poesía
secaron ropa al viento.
Comieron mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado.
Entonces, llegó un crítico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadáveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarquía,
otros se habían
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y
otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a distupar mi pobre poesía
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole
sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura.
Porque no fui bastante
popular para ellos
o impregnados de
dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas,
se retiraron todos y entonces,
otra vez, junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron relámpago y anillo.
Y ahora, perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Número Tres

¡¡Mañana sale el tercer número de la Revista!! Como siempre, poesías, cuentos, frases, entrevistas, opinión, mini biografías, cine, agenda cultural, concursos, actualidad, etc.En este número unas preguntas a Walter Cuevas y la presentación de Gabriel Barrios, dos cantautores increíbles y de acá.
Además, a partir de ahora la revsita viene con un disco con temas de los músicos que nombramos, para que puedas conocerlos mejor.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

De Cómo Errar en Todo

            He tenido el inmenso placer de escribir con ella, con "la negra", con Claudia Forquera. Este es un libro en el que vas a  verte subir, bajar, volar, aterrizar de emergencia y volver a elevarte así, con una simple vuelta de página. La magia de una matizada con el enojo de la otra; un equilibrado collage.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Barrios/Queipo y Viceversa en vivo

   Los Cantautores Gabriel Barrios y Agustin Queipo, se abrazan en duo para plasmar un amplio cancionero latinoamericano, el próximo 16 de diciembre  a la medianoche en Donato Novo (Alberdi y Santa Fe).
La entrada es libre y gratuita.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Huellas en el camino

No paramos, y esa es la idea. "Poner el arte en movimiento"; pequeña tarea. Entre los integrantes de Letras Ambulantes y aquellos que no lo son, pero que siempre están cerca, ayudando y trayendo inquietudes e ideas, andamos más o menos por acá:
  • La revista crece y crece. Este próximo número (10.12.11) sumamos un disco con los cortes de difusión de los músicos entrevistados. Además, comienza a salir en Cipolletti y en Plottier. 
  • Concurso Literario: seguimos recibiendo obras de todos lados, leyendo y deleitándonos con la idea de poder hacer alguno de esos sueños realidad.
  • Exposición: todas las tardes, desde las 17 hs. estamos en la vereda de la confitería de la galería contigua a la Municipalidad. Allí no sólo hay libros nuestros, sino que hemos sumado otros escritores y músicos que confiaron en nosotros para la distribución de sus trabajos.
  • Encuentros: estamos a punto de vivenciar el Primer Encuentro Provincial de Trovadores, en Plottier y a días del Segundo Encuentro de Escritores y Músicos (el que planteamos de manera bimestral)
  • Feria: Ojalá, cada viernes, de a poco, pero crece. Sumamos gente y espectáculos, y resistimos allí, esperando a por que vengas.
  • Presentaciones: diciembre será un mes de presentaciones de obras. El 9, junto a Claudia Forquera, lanzamos "De Cómo Errar en Todo", un libro de relatos y cuentos cortos. Y nos queda confirmar fecha para "Cinco Minutos Antes de Volverme Loco", de Agustín Queipo, que saldrá, también, por esos días. El verano nos agarrará, valijas hechas, de vuelta en viaje.
  • Adelanto: No debería, pero no aguanto las ganas. Estamos trabajando en ello, y pronto Letras Ambulantes inaugurará su programa de radio.

Ideas: bienvenidas.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Segundo Número




·         
·       Entrevista al Director de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Neuquén: Adrián Urrutia
     Presentamos a Walter Cuevas, cantautor
*   En la sección Biografías: Marwan
     Cuentos, Poesías, Notas de opinión, Agenda Cultural y mucho más.      
           

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sábado, 19 de noviembre de 2011

En esta carrera de darse a conocer no hay descanso

       Así que, desde el lunes próximo, todos los días en Ristretto Coffé (Alberdi 223) "Desayuno Literario" (¡las cosas que se inventan!). ¿Qué es? Sencillo. Vas a desayunar ahí y al café le agregás un libro de algún escritor regional. Palabra que es menos nociva la lectura que el azúcar, aunque nosotrxs querramos que te genere mayor adicción.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Nueva Cita en "Ojalá"

     La tercer edición y vamos sumando.  Los esperamos en Ristretto Coffe,  para compartir los trabajos de los artistas regionales que apuestan por este nuevo espacio
Habrá exposiones de libros y lecturas, muestras fotográficas, música, y diferentes expresiones artísticas.

A partir de las 18:30 horas, en Alberdi 223.


La entrada es libre y gratuita. 

                                                                                                                                   Letras Ambulantes     0299-154619131
      0299-4006460

jueves, 17 de noviembre de 2011

Primer Encuentro Provincial de Trovadores


Por primera vez, y gracias a la iniciativa de músicos independientes, se organiza el Primer Encuentro Provincial de Trovadores.
El Sábado 26 y desde las 18 hs, se presentaran:

* Miguel Sprumont (Andacollo)
* Pedro Palacios y Rony Colipe 
* Agustín Queipo
* Gabriel Barrios
* Paula Ciordia y Marcelo Fernandez
* La Carbonada
* Víctor Saez
* Dark Rain

Luego, a la media noche, las guitarras seguirán sonando en "Victoria Resto-Bar", donde se presentaran:

Viernes 25: Pedro Palacios y Rony Colipe 
Sábado 26: Los Trovadores de barro negro"

El evento Comienza el viernes 26, en el interior de la Casa de la Cultura, con la presentación del "Primer Encuentro Provincial de Trovadores", a las 22,30. 

No se lo pueden perder!!!

Organiza e invita: Letras Ambulantes

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Segundo Encuentro de Escritores y Músicos Independientes

Letras Ambulantes

Proyecto :  Segundo Encuentro de Escritores y Músicos Independientes


Fundamentación
A diario, Letras Ambulantes sigue ideando proyectos orientados a facilitar y mejorar la distribución y promoción de las obras de los artistas regionales. 
Esta es una nueva cita pensada para seguir conociéndonos y sumando gente a este proyecto de generar los espacios que tanto faltan. 
 La invitación a esta “Juntada por la Música y Literatura”, se hace extensiva a todos aquellos que se sientan identificados con nuestra propuesta.

Propósitos
·       Generar un espacio que posibilite, a escritores y músicos, reconocimiento de otros creativos, exposición de sus obras e interacción a partir de actividades operativas y de análisis.
Difundir las nuevas ideas de promoción y distribución de las obras editadas y sumar títulos a nuestra Librería y Disquería Ambulante.
Dar a conocer las posibilidades de edición a aquellos artistas que aún no han podido hacerlo.

Responsables: Grupo Letras Ambulantes.-


Actores sociales: dirigido a escritores y músicos de la región.-

Lugar:” El Refugio” (Amaranto Suarez 1665-Techos Verdes –Neuquén Capital-)-

Tiempo: Domingo 11 de Diciembre a partir de las 14hs y hasta las 20hs-


Actividades:
-Apertura (14hs)
-Bienvenida: Propósitos del Encuentro (Letras Ambulantes)
-Exposición
-Actividad de Reflexión y debate acerca de los métodos de distribución y promoción
-Lectura de textos por género
-Hilada de escritores: ir realizando un texto a medida que se desarrollan las actividades que luego será editado por Letras Ambulantes y enviado a cada participante del evento.
-Cierre y puesta en común-
Presentación de músicos invitados.
                                                                Letras Ambulantes

lunes, 14 de noviembre de 2011

Librería y Disquería Ambulante


¡Gente! Esta semana arrancamos con la Librería Ambulante. Cansados de que los comerciantes nos subestimen pensando que no vamos a vender un puto ejemplar, no nos reciban el material, o no nos exhiban, decidimos generar el espacio nosotros. 

Por las calles de Neuquén nos van a ver con una remera con esa inscripción. Alguna mesa en una esquina hoy, en otra mañana, una bici y a seguir recorriendo.
Todos aquellos escritores y músicos que estén en la misma que nosotros, avisen, que en esto hay espacio para todos, y mientras más seamos mejor.
¡Sumemos!

domingo, 13 de noviembre de 2011

Concurso Literario de Letras Ambulantes

Letras Ambulantes” convoca a escritores y escritoras a participar del concurso literario “Creer en Crear”,  correspondiente al año 2012. El mismo está integrado por tres rubros, correspondientes, cada uno, a los géneros de Novela, Poesía y Cuento. La participación en este concurso literario está sujeta al siguiente reglamento, el que  se considera conocido y aceptado por el sólo hecho de presentar la obra.
1 - Podrán participar en este concurso escritores y escritoras de cualquier nacionalidad, mayores de 18 años, que presenten obras originales e inéditas, en idioma español, y sólo podrá hacerlo, cada autor o autora, en uno de los tres rubros.

2 - Quedan excluidos de este concurso todos los autores que ya hayan editado alguna obra con “Letras Ambulantes”.

3 - Cada trabajo debe presentarse firmado, entregándose en  un sobre  debidamente cerrado, en cuya cubierta se indique el seudónimo o el nombre del autor o autora. En el interior del mismo deben figurar nombre y apellido, número y tipo de documento del autor como así también su domicilio, mail y teléfono.

4 - El autor o autora de la obra elegida en cada rubro, recibirá como premio la edición de 100 (cien) ejemplares de la misma. La  difusión y distribución de los ejemplares resultantes de la adjudicación del premio corre por cuenta del ganador. Letras Ambulantes sólo editará y reproducirá los ejemplares, y gestionará sin cargo para el autor, el número de ISBN de dicha obra.  Ganar el concurso no implica ninguna cesión de derechos.

5 - El concurso no podrá ser declarado desierto ni distribuido entre dos o más concursantes en cada rubro.

6 - Una comisión lectora de preselección, establecida con el libre criterio de la organización del Concurso, evaluará el total del material recibido y seleccionará 5 obras finalistas, que enviará al jurado 

7 - El jurado estará integrado por las siguientes personas, a saber:
v  Categoría Novela:
-       Alejandra Rey (Letras Ambulantes)
-       Horacio Beascochea (Escritor)
v  Categoría Poesía:
-       Agustín Queipo (Letras Ambulantes)
-       Victoria Martínez (Escritora)
v  Categoría Cuento:
-       Claudia Forquera (Letras Ambulantes)
-       María Belén Aballay (Prof. Letras)


8 - El jurado emitirá su voto sobre las cinco obras finalistas, y su fallo será inapelable.

9 - Los originales se recibirán entre el
04 de noviembre de 2011y el 02 de mayo de 2012. En el caso de obras enviadas por correo, se considerará como válida la fecha que indique el matasellos. El fallo del jurado será dado a conocer en un evento a realizarse durante el mes de junio de 2012 en lugar a designar. Con una semana de antelación a tal evento, se informará a través de la prensa, el título y autoría de las obras finalistas.

10 - Las obras habrán de estar escritas en castellano y su extensión no debe ser inferior a las 50 (cincuenta) páginas, ni superior a las 150 (ciento cincuenta) páginas en papel formato "A4", claramente mecanografiadas a doble espacio y en una sola de sus caras. Para participar del concurso, los escritores y las escritoras deberán entregar una copia de la obra, sencillamente encuadernada (abrochada, anillada, etc), junto con su versión digitalizada en un cd, en cuya superficie conste el título de la obra y el seudónimo o nombre del autor. La entrega de las obras debe realizarse en Loncopué 1570 – Neuquén Capital, Código Postal Argentino 8300, de lunes a sábados en el horario de 12 a 18 horas. En la cubierta de los ejemplares se hará constar que la obra es presentada a los efectos del concurso. Contra la recepción de la obra, Letras Ambulantes entregará al participante un recibo en el que conste el número con el que ingresa al concurso.

11 - La presentación de una obra en este concurso implica la aceptación, por parte del autor o autora, de las presentes bases.
12 - No se realizará la devolución de los originales y el cd presentados. Los ejemplares no premiados serán destruidos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

Despierta

     Había una vez una mujer que no-existía. No tenía cuerpo, ni sangre, ni ojos, ni boca, ni orejas, ni piel. No-estaba sentada en una vieja silla de madera, y no-permanecía allí ni desde siempre ni desde nunca, porque en ese mundo de su no-existencia no existe diferencia entre ser o no ser.  Su no-brazo no-llevaba un reloj pulsera que no-giraba, porque no-tenía ni números, ni agujas, ni cuerdas, ni tiempo. Su no-casa no-estaba en algún lugar del mundo, en cualquiera, lo mismo da. Era un no-hogar pequeño, lleno de no-muebles, y con todos sus no-ambientes cubiertos, desde el piso al cielo raso, de no-espejos. En sus no-días aburridos solía no-mirarse en ellos, aunque casi todos no-eran así.  No-encontraba su no-reflejo en esos no-muros y no-sonreía al no-reconocerse; tantos no-años sola no-había no-aprendido a no-quererse a pesar de todo o de nada. Solía no-hacerse la misma pregunta al menos una de esas tantas no-veces en que se no-encontraba en su no-imagen. ¿Cómo había no-llegado hasta allí?. No podía recordarlo, pero allí no-estaba.
Fuera de las no-puertas de su no-casa el mundo era tal y cual vos y yo lo conocemos. Con su sol, unos días radiante, otros mezquino; pero desde su no-ventana nada de ello se veía. Le sucedían los amaneceres a su no-costado, y ella indiferente, porque esos no-cristales no dejaban entrar la luz de la mañana. 
La gente que habitaba por allí miraba esa no-casa con desconfianza, pero nadie decía mucho al respecto; suele no haber mucho que decir sobre lo que no-existe. De todos modos, quien pasase por ese sitio se llevaba en el anecdotario algún rumor oído por lo bajo, historias llenas de misterio y conjeturas sobre la no-mujer. Los niños del lugar aprendían desde que daban los primeros pasos que no podían acercarse a la no-casa; y es que a todos los padres les sonaba peligrosa la idea de ver a sus hijos caminando hacia la nada. Pero, más allá de las intrigas que ese no-lugar generaba, la vida de los pueblerinos transcurría con total normalidad, como en cualquier otro sitio.
Hasta que un día algo sucedió. Era una mañana de intensa lluvia, de esas torrenciales que apenas si permiten abrir los ojos para ver. Era extraño, pues en esa zona las lluvias eran bastante mezquinas y aparecían no muy a menudo. Ese lunes sucedía, llovía descaradamente, y poco a poco las luces de las casas se encendían, y,  atónitos los ojos de los testigos de tremenda ofrenda, comenzaron a salir a las calles, afanosos por mojarse lo suficiente para sobrevivir la sequía a la que estaba acostumbrados. Pronto el pueblo entero era una fiesta, todos en las veredas, chapotenado entre los charcos que juntaban los gotones sin importar la edad que calzaran los zapatos. Entre  la algarabía no notaron que, a lo lejos, se aproximaba una silueta desconocida, y siguieron intentando atesorar el agua que brotaba del cielo en los huecos de sus bolsillos, hasta que la cercanía le dibujó un rostro a ese cuerpo que arribaba en pies descalzos. Esos pasos detuvieron su camino y una voz tosió, llamando la atención de todo el mundo. Como si sus manos hubiesen sido quienes trajeron la lluvia, no dejó de hacerlo desde que apareció por allí. Quizás haya sido simplemente producto de la casualidad, pero entre gente tan acostumbrada a cosas misteriosas, como la no-casa colina arriba, era de esperarse que rodearan de intrigas la situación. 
Pasaron  unos cuantos días y el visitante permanecía allí. Nadie sabía bien porqué estaba, cómo había llegado, hasta cuando se quedaría o si alguna vez habría de marcharse, pero desde que asociaron su presencia con el oro que brotaba del cielo haciendo crecer sus plantas, nadie se animaba a preguntar; no querían que se sintiera incómodo por nada, ni que interpretara las preguntas como una invitación a partir; necesitaban la lluvia y dejarían llover todo lo que se pudiese por si algún día decidía, el visitante, desaparecer. Por el contrario, se desvivían por atenderlo, intentando convencerlo a que se quedara tanto tiempo como fuese posible. 
Llevaba poco más de una semana cuando una tarde, mientras tomaba unos mates con el viejo más viejo del pueblo, sentados ambos en un banco de la plaza, el extranjero alzó la vista y la vio; allí, colina arriba la descubrió. -¿Quién vive ahí?- le preguntó al anciano, curioso y asombrado de no haberla visto antes. Los ojos del viejo se sacudieron por un temblor repentino hasta desorbitarle las pupilas. -¡Shh!- contestó incitándolo a tener una prudencia que el extraño no entendía.-Nadie- dijo en voz excesivamente baja, casi imposible de oír. -¿Qué sucede?- susurró el visitante aceptando el convite a la  cautela. -De eso no se habla- sentenció su compañero de conversación. Tuvo la intención de insistir con el asunto, pero lo supo en vano; devolvió el último amargo y se marchó. Anduvo, el extranjero, unas vueltas por el pueblo, intentando, con precaución, tentar a alguno de los lugareños a hablar de aquella pequeña casa que se dejaba ver, triste, sobre la colina; pero todos y cada uno de ellos ignoraban o respondían con evasivas, sus preguntas. Ese silencio transformó la curiosidad en una cosa más seria, y al caer la noche, esperó que todos durmieran, agarró sus pocas pertenencias, y emprendió camino, colina arriba, decidido a develar el misterio. 
Caminó dificultosamente. La lluvia seguía cayendo a latigazos, y mientras más se alejaba del caserío se descubría un viento violento que mezclaba el agua con la ira de saberlo próximo a llegar al lugar del que todo el mundo prefería no hablar. 
Llegó y posó su mano sobre el picaporte de la puerta; un suave movimiento de muñeca y la abrió. 
La mañana siguiente amaneció distinta a la de los últimos días. Sol, un radiante y ardido sol situado justo en medio del horizonte. Las calles, puertas afuera de cada casa, árida como otras veces, con una aridez imposible luego de tantas jornada de tormenta. La gente salió, temerosamente, persona a persona a la calle, descreída de lo que les contaban las ventanas, buscando algún charco donde aún hubiese rezagos del agua que les había regado los sueños de pastos verdes y rincones floridos. Nada; y un silencio atónito por eso que sucedía contra el pronostico de cualquier razón, que los dejaba mirándose unos a otros a la cara, buscando inventar una respuesta. Diez segundos y uno de ellos comenzó a girar la cabeza, casi alocadamente, en todas las direcciones posibles. Detrás de él, un pueblo entero levantando piedras, doblando esquinas, espiando detrás de los troncos de los árboles vestidos de un otoño lejano a esa tan reciente lluviosa primavera. Nada, ni aquí, ni allá. Ni lluvia, ni charcos, ni visitante. La afónica búsqueda continuó hasta que el sol copó el centro, cielo arriba, y su inclemencia los obligó a buscar la sombra de sus tejados donde guarecerse. 
Como tantas otras veces las calles se llenaron de murmullos que explicaban mágicamente aquél paisaje desierto e intentaban borrar de las memorias los días de charcos y danzas bajo la humedad. No costó demasiado; quizás no lo hayan olvidado aún, pero las prohibiciones tienen esa fuerza, callan los recuerdos, y si nadie habla, todo simula que nadie lo recuerda ya. Una semana después, el pueblo volvía a ser el mismo lugar seco de siempre, acostumbrado a las caras de tristes, haciendo un hábito de su sed.
Colina arriba la misma no-mujer, que se no-mira en sus no-espejos y no-sonríe, pues nadie la recuerda, ni a ella ni a su tempestad.  Sigue no-llevando en su no-brazo su no-reloj, lo mira y piensa, quizás haya otro no-momento para no-despertar. Esta no-noche, antes de no-dormir, peina su no-pelo lacio y lo acomoda detrás de sus no-orejas. Llega a los pies de su no-cama y lo no-ve, allí, no-acostado, no-esperando por ella.  Se no-abrazan fuertemente y no-duermen toda la no-noche así. Él no-susurra una no-duda a su no-oído, ambos se no-besan y no-sonríen.  Afuera, probablemente, mañana llueva.




sábado, 5 de noviembre de 2011

Revista

                          Este grupo nació gracias a la mirada de Alejandra Rey, escritora regional que un día descubrió que Neuquén tiene cifrados, pero no oídos, así fue como convocó a estos escritores para animar a otros a trazar, para hacer oír lo que escribimos, para hacer del texto un hilo infinito de cortar…
        Podría decirse que estar en contacto con frases, oraciones, palabras pone en acto a las personas mismas. Se puede sentir que es el momento, el instante, el mientras tanto, lo que nos une. Oír un cuento. Las caras mutan y las sensaciones pasan por cada mirada con la sonrisa de univocar la escena misma. Los aplausos traen al centro a cuatro personas que deshojan sus textos delante de la gente, nada fácil, pero la empresa es lo que cuenta.
    Comienza la tarea de seguir buscando personas que como si fuera un llamado mágico, se reúnan en algún punto del Valle y vuelvan a tener la ilusión de un cuento más por favor, lo bueno de cada uno de ellos, es que el final es uno mismo.      

  Claudia Forquera
                                                                 

                                                                    

Violencia de Cobardes (en "Lo Demás es cosa de Valientes")

            Pero el amor y la falta de juicio habitan un mismo lugar, y de tanto en tanto se pelean a trompadas por ganar sitio. Esa mañana el miedo a perderse y la sensación de haberse perdido se vistieron de ira, y los encontraba convergiendo en la desesperación que inunda antes de la última bocanada de oxígeno previa a morir ahogados.  El perdón gritaba cada vez más fuerte, pero no le alcanzaba la voz para detener lo inevitable. Esparcidos en el aire revoloteaban los sueños quebrados, que luchaban por no terminar de caer.
            Ella dictaba la sentencia mirando fijo al piso, como si allí estuviera el apunte con la lista de argumentos que explicaban el fin de esto que había surgido como promesa del infinito. Él la escuchaba, arrodillado y en silencio, con la vista perdida en el mismo lugar, como tratando de encontrar en la teoría algún bache por donde escapar de lo irreversible. Ella repetía una y otra vez  el nombre de cada dolor y él se sumía en la impotencia de no haber aprendido a llorar en su vida. Ella que explicaba y él que no quería entender.
            Un breve silencio invadió la escena. Ella contaba sus segundos en firmeza y evitaba verlo directo a los ojos, porque sabía que, de hacerlo, caería rendida ante sus brazos y la promesa de que nada de todo lo malo volvería a suceder. Él inspiraba hondo y rezaba por un último milagro. Los dos veían en el suelo el reflejo del cielo de reojo reclamando claridad.
            Pronto la paz del silencio les dijo que no habría de perdurar, y otra vez el espacio entre ellos, que se agigantaba, comenzó a llenarse de reproches, de explicaciones, de promesas vanas, y de insultos. Se gritaron de más.
            Ivo estaba desesperado. Sabía que se había equivocado una y mil veces, pero a nada amaba más en la vida que a esa mujer. La veía segura de la despedida, y eso lo llenaba de miedo, de desgarro, de ira. A la impotencia a veces le sucede que se enoja tanto que se convierte en rabia. Ivo no podía dejar de pensar que este final no hubiese sido tal si Nicolás no se les hubiera entrometido en la historia. Isabel siempre lo perdonaba, siempre había entre ellos otra oportunidad. Si esta vez su compañera era tan intransigente era porque este impostor la llenaba de argumentos. La escuchaba reclamarle explicaciones tardías. Gritaba cosas horrendas, pero él la amaba tanto que aún gritando encontraba hermosa su voz. La veía llorar y no sentía ser el único culpable de esas lágrimas. Porque los llantos que él le provocaba desembocaban siempre en un abrazo de consuelo y un nuevo inicio. Esta vez, había llegado para instalarse entre ellos el irreversible, y eso era obra de Nicolás. La veía llorar y ese llanto avivaba la llama de la venganza con que pretendía enterrar esa otra fingida historia de amor que le arrebataba a su amada.
            De pronto un nuevo silencio se interponía al desenlace. Ivo siguió perdido entre los planes de su próxima penitencia y tardó en darse cuenta que Isabel ya no estaba sentada allí. Fue cuando irguió su cara, en un último intento por convencerla de que le diese otra oportunidad, que no la encontró. La estela de su sombra entrando a la cocina lo levantó de golpe. Que Isabel ya no estuviese sentada frente a sus súplicas significaba el fin. No podría seguir rogando las disculpas porque no tenía ante quien hincarse. Ella había decidido terminarlo y por eso se había levantado, y hasta se había ido allí. Lo definitivo terminó por sacarlo de sí y caminó los diez pasos que lo separaban de Isabel afirmando sobre cada uno de ellos la ira, la impotencia, el dolor.
            Llegó. Isabel parada frente a la cocina. Se veía calmada luego de la decisión. Estaba preparándose un café y él intentó ayudarla. Pero ella ya no quería alargar más la despedida, y sabía que no tenía sentido; de todas maneras él no prepararía un nuevo café desde ese día en adelante. Le pidió que la dejara sola y él insistió. Quiso tomar la taza que esperaba por el azúcar sobre la mesada y ella que se negaba. La discusión se transformó en un forcejeo sin que se dieran cuenta. Esa pequeña riña fue el suelo fértil donde desembocaron las ganas y las anti ganas, los medios y los arrebatos de coraje. Los empujones se hacían cada vez más rudos, y eso, que había comenzado como una ridícula disputa, se transformaba en el lugar donde Ivo descargaría toda la furia de saberse arrojado lejos de los brazos de esa mujer. Y entonces, sus manos sembraban una certeza sobre el cuello de Isabel; si él no podía tenerla, nadie más habría de hacerlo por él.
            El agua hervía sobre el fuego. El cuello de Isabel ya asomaba, en los espacios que dejaban sin ocupar los dedos de Ivo, las marcas de la desesperación.  Los azulejos sudaban el vapor y mojaban un alerta, uno que este enajenado logró ver. Y en esas paredes se vio reflejado, con el mismo cuello que tantas otras veces había besado, entre la ira de su brutalidad. Fue entonces que la lucidez hizo pie entre los pelos de sus razones y la soltó, dejándola caer. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

De "Martes Penitentes"


E
sa mañana despertó con una jaqueca que hasta le había desfigurado el contorno de los ojos. Suplicó, mientras intentaba disimular las ojeras con el frió del agua, que el tiempo tuviera su capricho, y hubiera convertido la noche del lunes en madrugada y amanecer de domingo. Pero deseos insólitos son en los que malgastamos la suerte. Era martes, quizá porque el capricho del tiempo es siempre seguir su curso.
            Bajó a desayunar, pero ni la negrura del café ni la aspirina disipaban el dolor; así que decidió llamar a la oficina y tomarse el resto del día. Tan pronto colgó el teléfono volvió a la cama.
             La insidia de aquella pesadilla lo volvió a abrazar, y el próximo despertar fue aún más doloroso. La cabeza le latía al ritmo de  una amenaza de explosión. Y se volvió a entregar al sueño, aún inconsciente de que lo que allí sucedía era lo que provocaba aquel intenso dolor.  Recobraba la conciencia cada vez con más punzadas, hasta que la tortura se coló por entre sus párpados y lo acompañó a sentarse en la cama; había traído un recuerdo del último cabeceo.
            “Una mujer, hermosa por cierto. Llevaba un vestido que insinuaba, rojo, sus pechos, y tapaba, negro, su espalda. Delgada, casi frágil. Pero eso ha de ser sólo parte del prejuicio con que solemos llenar al otro. Porque aún así, vistiendo esa fragilidad, se acercó hasta mí. Llevaba algo entre sus manos, no logré divisar qué era.  Caminaba mirándome a los ojos, pero sin embargo, yo no podía mirar los de ella. Y esa misma fuerza con que me hacía cerrar los párpados, llegaba hasta mí y me abría la cabeza. Sé que la conozco, retengo en la nariz lo familiar de su perfume. Pero posaba su mano sobre mis ojos, como asegurándose conservar el anonimato; y sus labios sólo repetían el sonido de tu nombre. Me devolvió con el eco de tu imagen, que de alguna extraña manera, sé que es lo que me provoca tremenda jaqueca; y verte sólo logra acentuar más ese dolor.”
            Julia lo escuchó sin prestar demasiada atención al asunto y le ofreció café en lo que terminó el relato. Pero la intención de minimizar la anécdota pronto se convirtió en una mezcla de miedo y preocupación. Francisco no lograba mirarla, y si de casualidad cruzaba su vista con la de ella, soltaba un quejido estruendoso, que poco a poco fue instalando angustia en el aire de la cocina. El día terminó sonando el mismo silencio que aquella mañana de la corbata, y casi así continuó el resto de la semana. El siguiente domingo dudó en encontrarse con Irma, pero fue el mismo Francisco el que la instó a ir, y hasta le insinuó rezar por él y lo que fuese que lo llevaba a sufrir esa curiosa nueva aflicción. Y Julia rezó, pero no a los pies de la cruz del templo, sino entre los brazos de su amante. Y no rezó por que cesasen las molestias de Francisco; lo hizo por su impunidad.
El lunes transcurrió en calma, y hasta lograron mirarse y conversar. Como esos segundos de paz, que anteceden la muerte, Francisco parecía haber superado el calvario que lo persiguió los últimos seis días. Y entonces la noche, necesaria otra vez, y el martes abriéndose camino entre el frío de la madrugada, y las pesadillas, y la misma mujer, y la misma jaqueca. Martes, otra vez, y él que no podía mirarla. El sueño que se colaba por entre las hendijas de la vigilia y se quedaba para llenar de preguntas el aire del desayuno.
Pero esta semana Francisco canalizó el suplicio por el andar de la obsesión. Comenzó a dibujar a aquella mujer, siempre en el mismo vestido bicolor y con el rostro ausente. Parada, con las manos entrelazadas en la espalda escondiendo algo, eso mismo que él no había podido descifrar en las pesadillas. Y a su alrededor mil y un veces su nombre. Hojas y hojas perdidas entre “Julias” y esa mujer. Los silencios tirando hasta el borde de la afonía. Y cuando parecía que la cordura no habría de volver  a amanecer, llegaba el lunes, con su paz, como oasis de olvido en medio del tormento.
El tercer martes la fascinación lo llevó a comenzar a buscarla. “Sé que es real, por más irreal que parezca. Sé que está y que no va a dejar de insistir con que la encuentre. La obstinación de volver me está llamando a gritos. Y esta puñalada en la memoria que me deja cada vez que la sueño, que me vomita un recuerdo que vuelve a tragar en el olvido matutino, y tu nombre, y su voz.” Desde esa mañana, cada martes salía a buscarla. Y la misma psicosis con que la dibujaba por todos lados la volvió real.