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domingo, 17 de septiembre de 2017

Votre fantôme

“Y la puerta está comida donde la ha golpeado el mundo cuando menos una buena parte de la humanidad”(Silvio Rodríguez).  
Un mes más y acá estoy, esperándote bajo la ventana otra vez, imaginando que la fuerza de mis brazos alcanzan a atajarte esta vez. Jamás voy a dejar de culparme.  
Un rato y vuelvo al bar de nosotros, a mis dos cafés para una, a mis charlas imaginarias con vos. 
 Y te cuento, que en tu ausencia el mundo está como siempre, quizás un poco más rendido. Que el imperio no para de avanzar, las guerras siguen siendo peleas burguesas y la sangre derramada simpre es sangre obrera. Que muchos de los que dicen estar peleando por nosotros hace tiempo que juegan para el otro bando, que nos siguen engañando con aquél cuento de que las condiciones necesarias nunca están. Que cada vez son más astutos en silenciar la rabia de la gente con prevendas y que a los que no se venden los siguen haciendo  desaparecer. Que nos siguen robando la historia y la identidad. Que convierten nuestras luchas en slogans que se ponen de moda y engordan la maquinaria asesina. Que muchos aún creen en exigir justicia a la justicia, en que ser protagonistas es ir a votar. Siguen machacando a la gente con su asqueroso sistema moral y su manual del buen ciudadano. A los que piensan diferente los siguen calumniando; somos vagos si nos oponemos a ser explotados, troskos como si fuera mala palabra, policías si denunciamos a las burocracias corruptas, violentos si la verdadera violencia, esa que mata de hambre a la gente, nos hace gritar.   
Te sigo escuchando decirme que hay que organizarse,  que la amenaza de quemar iglesias es mi excusa para quedarme quieta. Y tu fantasma habla con la misma vehemencia que vos, con tu misma convicción. Entonces, de a ratos, me siento capaz de ser uno de esos valientes que aún sobrevive, y planeo salir a luchar.  

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Algo para que me recuerdes



Suelo imaginar cómo habrán de recordarme cuando no esté. Y ese juego me devuelve una imagen desdoblada de mí.  Me abstrae y me veo, sentada en la cocina, con las piernas igual de movedizas que siempre, fumando y fumando, tomando café. Con los pómulos angulosos y el perfil armónico que le regala mi nariz, nerviosa y más delgada, graciosa y pretensiosa, soberbia y derrotada. ¿Me recordarán así? ¿Gravitará mi asuencia entre estas paredes sucias? ¿Resonarán mis carcajadas, mis sonrisas tristes, mis lágrimas? ¿Bailarán abrazando el esqueleto de mis vestidos? ¿Quemarán mis sombreros? ¿Sentirán alivio? ¿Podrá disiparse la bruma de mis días negros? ¿Lograrán sobrevivir los respiros de mi ternura acobardada o vencerá el filo de mis palabras gastadas? ¿Servirá de algo todo lo que he dicho? ¿Tocarán mis canciones en la guitarra? ¿Olvidarán mi voz, mi olor, mi testarudez? ¿Reirán del cúmulo de estupideces que solía decir o seguirán enojados con ellas? ¿Leerán mis libros, descubrirán las pistas o acabarán más perdidos que cuando era yo quien gritaba las coordenadas? ¿Sentirán la desnudez de mis pasos escondidos al otro lado de la ventana, hablarán conmigo o descubrirán que me habían olvidado incluso antes de que me hubiese ido? Quizás sepan leer todas esas historias de las que nunca supe escapar, que nunca pude borrar. Quizás sepan que fue insportable el frío de cada respuesta que me trajo el viento, o sientan el hedor de las preguntas que rebotaron hasta convertirme en el mismo hueco donde me perdí. Soy el agujero donde acabaré  de caerme. Por eso a veces te alejo, no quiero que termines cayendo conmigo. Hace ya algún tiempo que lo único que me queda son los estertores de lo que fui, lo que todavia se resiste a que esto, triste entre nosotros, sea tiempo de descuento. La única y última razón que me queda son las sospechas de que aun creés en mí. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Si estás perdiendo el alma y lo sabes, entonces tenés otra alma para perder1.


Siempre creí que sospechar estar volviéndome loca era lo que me mantenía cuerda. Me desesperó saber que no fue así.
Que era bipolar, ese fue el resultado del test. Eran casi las tres de la mañana de un día en el que estábamos bien. Habíamos cenado algo rico (una carne al horno con papas, creo), habíamos fumado y tomado café. Y a mí se me ocurrió esa maldita idea. Siempre que cae una mala idea sobre la mesa me pertenece a mí.
Comenzamos a hacernos tests online, pavadas, nada serio; que si elijes tal o cual llave te diré cómo eres, que el árbol que más te seduzca habrá de develar tu verdadera identidad.
Era divertido. De modo que llegué hasta allí. La página se titulaba ¿qué tan bipolar eres?. Comencé a leerlo pensando que era una estupidez. A medida que iba haciéndonos las preguntas en voz alta me parecía cada vez más ridículo ese cuestionario. Y entre punto y punto, al enfrentarme con las opciones, me tentaba y lanzaba comentarios sobre que aquello era algo que le sucedía a todo el mundo. Pero claro, había fumado demasiado y cualquier cosa a esa altura me daría risa. Él demoraba cada vez más en contestar, y poco a poco dejó de reírse, y las respuestas iban distanciándose.
Yo hace tiempo que lo sé. ¡Lo sabía! ¿Qué carajo sabía?
Y así fue como descubrí que era bipolar. Bueno, eso no es exactamente así. Fue un dictamen pasajero. En realidad así fue como descubrí que algo malo pasaba conmigo.
Tlp. Trastorno límite de la personalidad. Lo que comunmente se conoce como borderline.
¿De verdad no te habías dado cuenta? ¿Darme cuenta? A ver. Tengo treinta y seis años. Me mudé treinta y siete veces. Voy por mi sexta convivencia y tuve muchísimas parejas, más de treinta. Fui heterosexual, homosexual, bisexual, de a ratos. Anarquista, kirchnerista, comunista, y hasta budista. En nada he sido tan constante como en ser inconstante. Y cada vez que te ponés la campera pienso que no vas a volver nunca más. No; no me había dado cuenta.

1Charles Buowski

martes, 5 de septiembre de 2017

Corramos mejor suerte

BELLA ES LA CERTEZA, PERO MAS BELLA ES LA INCERTIDUMBRE
Pienso, me adentro en la lectura y me pregunto: ¿me puedo desprender de la obra del autor, de los personajes que van dejando pistas para conocerlos en cada uno de sus libros?
Sus personajes son borderline, desangran amor, desamor, odio, ira, inconformismo: una búsqueda que posiblemente no tenga fin, que estalla en las historias donde se presentan; una suerte de locura a flor de piel que desgarran presencias que hacen doler, como todo lo que duele desde la introspección. La muerte y la vida están crudamente enfrentadas, tan presentes, desdobladas desde una mirada andrógina, ficción o realidad que se baten a duelo en un cruce de camino que no te deja indiferente.
En esta obra conjuga las palabras como verbos que contienen su contrario y hacen explotar la existencia, porque sienten como todos sentimos, pero diferente, por eso derrama letras como sangre sobre el papel. Es que REY construye tumbas que llevan a un irremediable camino hacia la muerte, ya que ningún culto de Urano logro sobrevivir. Por eso le duele el mundo o lo vive con dolor, aunque sea una sacerdotisa victimaria que consagra a Plutón.
Ellos resucitan una y otra vez, CATALEPSIA, y en ese misterio se anima a poner al desnudo y desvela una verdad que da claridad a su obra, que induce al lector a no ser mero espectador, que lo invita a mirarse en el espejo.
 Sebastián Guerra


sábado, 2 de septiembre de 2017

Pandemónium

Se acostaron a dormir una noche común, una más de tantas noches; él en los agujeros de sus boxers, ella en la baba de las mismas calzas que usaba hacía más de un mes. Para hacerlo tiraron al piso las toneladas de ropa y los restos de los cigarrillos. Las colillas, las telas y las cenizas se unieron a todo el otro derrumbe. “Mañana limpiamos”, pensaron al unísono los dos.
La mañana siguiente el sol entró por la ventana, enardeció el humo de la casa y los despertó. Él se levantó a preparar el desayuno y ella lo vio andar hasta la cocina desde la pereza que aun la sostenía en el sillón.
El resto del domingo hubiese transcurrido en absoluta normalidad de no ser por eso.
“¡Amor, amor; tus pies!”. Entonces él bajó los ojos hasta encontrárselos y no pudo creer lo que descubrió. Debajo de sus tobillos, al final de sus piernas, sosteniéndolo inseguro dentro de los cincuenta centímetros cuadrados de una baldosa, brillaba un par de pies distinto a los que siempre calzaba. Entre atónito y despavorido, frente al rojo carmín de las uñas de esos dedos que no eran suyos, alzó la mirada hacia ella, que tenía en la cara un reflejo idéntico a su mueca de confusión. Y antes de que alguno de los dos se atreviese a decir una palabra, ella corrió suavemente las sábanas hasta dejar al descubierto la segunda evidencia de la distorsión. Bajo sus piernas llevaba puestos los pies de él.
Rieron por los nervios y por lo absurdo, pasaron de pensar que aquello era la continuidad de un sueño (¿de cuál de los dos?) a temblar de terror. Se revisaron los tobillos, buscando algún rastro de costura, un halo de pegamento, un punto de inserción, como si encontrarlo no fuese a provocar hipótesis más espeluznantes, y aún sabiéndolo, no podían para de buscar. Ambos tenían el pellejo intacto, a excepción del degradé creciente o decreciente dependiendo del de quién.  
A él le costó llegar a la cama, pues su metro casi ochenta tambaleaba sobre sus piesdella que tan sólo calzaban treinta y seis. Ella, en cambio, andaba más firme que de costumbre en sus prestados cuarenta y cuatro.
Pasaron el día entero tratando de hallar una explicación lógica, y aunque él sabía que las ideas de ella solían ser más un nuevo disparate que una solución, de por sí, amanecer con los pies de otro, perfectamente implantados, como si siempre hubiesen estado allí, era disparatado; de manera que, vacío de argumentos, cedió a la absurda ilusión de dormir y encontrar todo vuelto a la normalidad al día siguiente. Eso hicieron, pero despertar al otro día volvió evidente que aquel plan no había sido más que una expresión de deseo, y que las cosas hoy estaban mucho peor. Ya no eran sólo los pies, ahora este insólito ¿juego? les había intercambiado la voz. Ella estalló en risas cuando lo oyó decirle buen día tan agudamente, y él reconoció en su boca el sonido de sus carcajadas.
Creo que fue él quien habló del alivio de que aún fuera domingo y que todavía no había que ir a trabajar; o quizás lo mencionó ella, fue todo un lío saber quién decía cada cosa en medio de esta auditiva confusión.
El caso es que las horas pasaban y pesaban tanto entre estos desarreglos que decidieron dormir la siesta, o cedieron al cansancio, y al despertar encontraron sus ojos en la cara del otro. Probablemente esa parte haya sido la más complicada porque sus rostros se encontraban a sí mismos cuando se miraban entre sí. Entonces fue todo un caos. Del miedo, el extravío, y las risas nerviosas, pasaron a discutir cada vez más fuerte, cada vez más rudo, más duro, y se atrevieron a echar culpas y decir cosas horribles, claro que ninguno sabía con exactitud quién se las decía a quién. Ella lo miraba gritarle y se veía a sí mismo tan enfurecido. Él la veía insultarlo y se reconocía tan fea y violenta. Quizás esa imagen espejo les haya dado pena de sí, o quizás haya sido producto del mismísimo caos que volvía lo absurdo algo natural, o hayan perdido la fuerza para seguirse batallando; lo cierto es que de pronto él, de a pasitos cortos, tratando de no perder el equilibrio se acercó a ella; y que ella por fin hizo silencio y lo abrazó.
Se recostaron sin soltarse el abrazo y cerraron los ojos intentando apaciguar un poco el mareo y el laberinto. Ambos desearon que ese instante no acabara nunca, y se durmieron.
El lunes amanecía distinto. Estaban asustados ante la posibilidad de haber perdido sus manos, sus cabezas completas o tan sólo la nariz. “Decime que no tengo tetas, ¡por favor!” arrojó él antes de abrir los ojos. Y al escuchar su propia voz se lanzó rotundo a mirarla. Ahí la encontró, mirándose feliz la punta de los dedos que asomaban bajo las sábanas a los pies de la cama. “Me parece que debiésemos ordenar más a menudo la casa mi amor”. 






miércoles, 30 de agosto de 2017

Los número de esta locura

Estúpido Señor Cats: 2458
Lola: 2432
Fines y principio: 1330
Oda de resurrección: 1315
Todas las veces que me salvé: 1238
Martes penitentes: 881
Come off me: 754
Epifanía: 548
Textos atrapados: 533
El talle de mi tumba: 529
Aporía: 489
La causa: 347
Lo demás es cosa de valientes: 293
Pepsi, Rawson y el coronel: 288
De cómo errar en todo: 286